martes 29 de julio de 2008

Coleccionistas

Ains, ¡como hemos disfrutado hoy!

Hace ya muchos años que Prizz y yo llevamos al retortero nuestra colección de cartas de El Señor de los Anillos, la edición básica. La tenemos sin terminar, y en un par de salones del cómic había un chico que vendía las cajas de sobres sin abrir (cajas de las grandes, de las de 36 sobres) Durante los salones en los que estuvo, lo buscábamos desesperados para comprar nuestra dosis de cartas, hasta que desapareció. Se le debieron acabar. En realidad, teniendo en cuenta los años que llevan descatalogadas, y lo difíciles que son de encontrar, nos sorprendió muchísimo ver que alguien tenía cajas aún precintadas.

El otro día Prizz encontró tres por Ebay y las compró.
Hay ciertos foros donde se pueden intercambiar las que te faltan por tus repetidas, como los cromos, y estando tan solo a cuarenta cartas es fácil, pero... no hay nada comparable a la emoción de sentarnos los dos en el sillón, desempapelando los sobres de uno en uno. Uno tú, uno yo, saltando como críos cada vez que sale una que no tenemos. Dios, esos momentos no tienen precio.
La buena noticia es que esta noche hemos conseguido 30 de las 40 que nos faltaban. Siendo la colección de 484 cartas, las últimas es hilar muy fino, y ha sido una sorpresa dar con tantas. Además, nos han salido muchas que ya teníamos, pero que son verdaderas rarezas, y que irán bien en nuestra segunda colección, la mía (que en su día desmantelé en beneficio de unirlas todas en una), y si no, para cambiarlas por las diez que nos faltan.

Las cartas, independientemente de que a uno le guste jugar o no, son obras de arte de distintos ilustradores. Son preciosas y uno no se cansa de acumularlas.

Os dejo una de muestra, La Voluntad de Sauron, una de las preferidas de Prizz, conseguida hoy y que no estaba disponible para cambiar en ninguna parte. Aunque la de la imagen está en perfecto inglés, ni que decir que nuestra edición es en español jejeje


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domingo 27 de julio de 2008

Yo, Robot

Le he hecho una foto al robot, el que me regaló Prizz (o le obligué a regalarme) y del que hablaba el otro día.
Me estaba bebiendo una coca cola y lo he visto tan gracioso a su lado que no he podido resistirme...


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He intentado fotografiar también el curioso envoltorio de Prizz, pero refleja mucho y no sale muy bien. Os voy a contar.

Le hizo un ataúd de cartón endurecido. Lo pintó para que pareciese metal oxidado (¡vaya pasada!) y colocó un cartel que decía: Living Dead Robot.
También llevaba su certificado de defunción.

He’s a dead robot,
When he was operating, he had no soul,
He could not feel, he didn’t know how to love,
He didn’t meet friendship.
So, what is the difference?
Is it not as if he had always been dead?

En lugar de atarlo con un lazo rojo, propio de los muñecos, lo enrolló en alambre.
Cuando lo vi allí, tan chiquitín, metido en su ataúd, casi me caigo al suelo.
Hasta su tapita transparente tenía...
Una de las cosas que más me gusta, en cuanto al robot en si, es el detalle de la cuerda en el lateral derecho. ¡Y si le das, anda!

Miss Julio

Ya tocaba. El mes pasado no pude comprar ninguna, y lo he echado mucho de menos.

Este mes, con motivo de mi cumpleaños, me he resarcido. He comprado a Miss Julio con mi presupuesto mensual, y Prizz me ha regalado dos de las que más me gustaban, pero que por motivos económicos no podía comprar nunca. Ya las pondré cuando pueda (una de ellas no ha llegado aún, pero está al caer). Son los REGALAZOS de los que hablaba el otro día.

Miss Julio. Quería que fuese adecuada a la fecha, y cuantas veces habré yo hablado de la fastuosa Serie 11. Me gusta esta serie porque me parece muy tierna (a excepción de KillBaby, a la que estoy cogiendo hasta tirria por estar siempre en todas partes)

La que estaba en stock no era otra que Jubilee.
Es PRECIOSA. Todo en ella me encanta. Su carita de niña dulce, los bucles cobres, perfectamente moldeados, el vestidito, ese maquillaje en tonos verdes... todo, todo, todo.
Además, traía un paquete regalo con dos chapas de Living Dead Dolls dentro.

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Happy birthday to you
Happy birthday to you
You look like a ghoul
And you smell like one too

¿No es adorable?

La web oficial de LDD se ha espachurrao. Espero que sea algo temporal, y que esté disponible en breve. Hasta tener la información detallada allí, como a mi me gusta, os dejo solo la fotito y el poema, que me encanta.

Una de las cosas pendientes estas vacaciones...

...es formatear esta máquina infernal.

Harta estoy.

No puedo hacer absolutamente nada. Todo se cierra sin darme tiempo a publicar (¡ni a guardar!), no puedo escribir en el Word, no me abre el Photoshop, etc, etc...

Harta estoy.

Hay que decirlo más...

Para conseguir a Miss Julio, mi última adquisición, decidí probar en una tienda en la que no había comprado nunca, ToyWiz. Vi que tenían en stock justo a la que buscaba, y otra que Prizz se empeñó en regalarme para mi cumpleaños. Así que esperando matar dos pájaros de un tiro, él hizo el pedido. No se podía pagar con Paypal, pese a que era uno de los métodos de pago especificados al principio. Una vez completado el formulario decía que no estaba disponible, y que si querías tu compra tocaba elegir otro. El único que quedaba, tarjeta de crédito. No me gusta mucho utilizar este método, porque aunque uso la virtual de recarga, alguna vez ya me la han liado para confirmar mi identidad y el número de seguridad. No pasa nada si el pedido es en España, pero si tienes que comunicarte con Japón, Corea, o como en este caso, Estados Unidos...
Total, que me lo leo todo, y veo que no retiran el dinero de la tarjeta hasta confirmar que tienen lo que has pedido. Interesante, porque también me ha pasado que pidiendo cosas en stock, luego han resultado no estar. Y volvemos a liarla si me tienen que devolver el dinero a mi tarjeta.
Hicimos el pedido, y al comprobar mi cuenta, veo con sorpresa que me han pasado el cargo automáticamente.

Al día siguiente me escriben diciendo que hay un problema con mi pago, y que los llame por teléfono. Les contesto que no puedo hablar con ellos directamente, ya que mi inglés es nulo.
No me responden.
Les escribo, les escribo, les escribo mil veces durante días, y no me contestan. Me veo que sin llamada, no solo no me hacen ni puñetero caso, si no que se olvidan de mi pago.
Menos mal que Sonia nos pudo echar una mano cuando Prizz la llamó. Estoy segura que tengo delante mi regalillo de cumpleaños, solo gracias a ella. Y el problema era, como no, el número de seguridad de la tarjeta, que había que darlo en persona. Mira si no me lo podrían haber explicado por mail, en lugar de dejar que me comiese las uñas.

Resuelto esto, solo quedaba esperar el envío. El envío, que fuera del país SOLO podía ser mediante UPS.
Ya es una mierda pinchada en un palo tener que pagar portes extra por ser empresa de transporte privada, pero lo de estos estafadores señores clama al cielo...
Una semana después de haber salido el paquete, me llaman por teléfono diciendo que lo tienen retenido en aduanas. Lo único que requieren es un número de DNI.
Otra semana más tarde, el paquete sigue allí. No hay absolutamente nada que yo pueda hacer para que lo suelten, y encima, ya han terminado su papeleo hace días. Me van a cobrar 50€, de una manera aleatoria y porque si.

Una vez que pregunté en otra empresa de transportes para hacer un envío fuera de la península, me explicaron que tienen que cobrar el importe aduanero para curarse en salud. Así que la broma sale por un ojo de la cara. Pero es que UPS, cobra lo que le pasa por los cojones, sin nada que justifique el total del pago. Además, el repartidor hace oídos sordos al horario de reparto especificado, y UPS no tiene oficinas en mi ciudad, con lo que empieza una nueva epopeya: ponerte de acuerdo con él.
Al conseguirlo, por fin, nos dice que los cargos aduaneros no son de 50€, si no de 65. Toma castaña.
-¿Quieres tu paquete? Pues dame el dinero. Ah, y arriba las manos, esto es un atraco.

De no ser porque ya estaba todo pagado, NI DE COÑA lo cojo. Se lo llevan por donde lo han traído. Y encima estaba abierto.

Conclusión: no pienso comprar de nuevo allí (y espero no volver a saber nada de UPS, eso por descontado). Hay que decirlo más...

miércoles 23 de julio de 2008

Diga treintaitrés

Ayer fue mi cumpleaños.

Cuando uno cumple la edad de Cristo (como todo el mundo recalca), debe hacer cierto balance filosófico. Tras mucho meditar, lo más importante que se me ocurre, así de pronto, es que ya estoy a solo dos años de restregar por los morros la coletilla aquella de marras “Por el culo te la hinco”, cuando todos griten sorprendidos al decirles mi edad.
Y como dijo Vlad Tepes, eso no es cosa de risa.

Chicos, chicos, ¡y es que ya soy un día más vieja! (<-- Pequeño chiste personal e intransferible)

Ayer, la Cuchipandi al completo se pasó por mi casa. Pude disfrutar de una tarde en su compañía, que ya hacía días desde la última vez. Como siempre, lo pasamos pipa.
Es el segundo cumpleaños que celebro con ellos, y que puedo decir, que me hace ilu.
Además, nada como escribir en un blog para dejar pistas sobre posibles regalos acertados, aunque sea sin querer juas juas juas

Me compraron una caja de música en la que puede escucharse Storys of the Vienna Woods. Al abrirla hay una bailarina, parecida a la que tenía de pequeña, que gira delante de un espejo. Es preciosa. La caja está decorada con bailarinas y zapatillas de bailarina, y es brillante.
También un carrousel con caballitos, todo de madera y en colores rojo, verde y azul, muy como los clásicos. También se le da cuerda y suena la música mientras los caballitos dan vueltas.
Me encanta...
Lo que más me gusta de estas cositas es el sonido de la música, tan metálico. Son cosas para cerrar los ojos y volver atrás. Mi particular versión de la máquina del tiempo.
Los voy a colocar en un lugar dónde se vean bien. Bueno, la caja es más íntima, y es para mi habitación, pero el tiovivo quiero que se vea.
A ver si tengo un momento y puedo hacer unas fotos de catálogo :D

También estuvo el señor R, que me había comprado algunas cosillas. Los dos tomos de Loveless, de Azzarello y Frusin, y el Final Fantasy VII Crisis Core, para la PSP. Teniendo en cuenta mi pasión por la saga, me encanta. ¡Hasta me consiguió una guía! Este señor R es un tío muy detallista, no se le pasa una.

Y Prizz... hoy he recibido uno de los REGALAZOS gordos. Pero de eso ya hablaré mañana con más detenimiento, que estoy muy cansada para detallar la epopeya. A principios de la semana que viene está programada la llegada del segundo.
También había otra cosa.

Hace un tiempo, la última vez que estuvimos por Zaragoza de compras, vimos en el Fnac una vitrina llena de robots geniales. En plan pelis de las primeras décadas del siglo XX, cuando los ordenadores no eran ordenadores, si no computadoras llenas de luces, y había pistolas de rayos que disparaban en espiral. Muy pulp, vamos. Me empeciné en que me tenía que regalar uno para mi cumpleaños, y como eran caros de cojones, me compró el más chiquitín (no por eso el menos bonito). La cuestión es que no había sorpresa, ya que yo estaba al corriente de todas las cosas que me había comprado.
Así que comenzó un retorcido juego que presiento, va a crear tradición.

Esto es: Si sé lo que hay dentro, sorpréndeme con lo de fuera.
Le propuse que se currase la presentación. Que me hiciese algo que me tirase de espaldas (enfatizando profusamente).
También quise tocarle las pelotas jugando al escondite. Hice un cartel con una frase chorras sujeta a la cajita, para que él me la escondiese. Cuando estaba en casa sola, la buscaba por todas partes. Si la encontraba se la dejaba sobre la mesilla con una nueva frase, y vuelta a empezar. Me lo pasé en grande con la tontería, hay que ver.
Estuve esperando el lunes muerta de sueño a que diesen las doce, para saltar sobre él y exigir mi regalo. Y tengo que decir que superó con creces todas mis expectativas...

Este Prizz es la pera caracolera. Pero tendréis que esperar para ver el resultado de dicho evento.

domingo 20 de julio de 2008

Toda una Vida

Hoy hace diecisiete años que Prizz y yo estamos juntos. Diecisiete años.
Esto quiere decir que he pasado más tiempo a su lado que sola. Toda una vida. ¡Y qué adecuado es siempre Machín!



miércoles 16 de julio de 2008

Hoy me siento Flex

Solo entro para compartir lo contenta que estoy. Hoy mi abuela se ha sentado en el sillón por primera vez, ¡y ha cenado!

Joder, que digo contenta... estoy flotando.


Porque aquí... tooooodos floootan...

:D

jueves 10 de julio de 2008

Y los pichones levantaron el vuelo...

Y no sabéis como lo dejan todo de sucio. Así que hubo que limpiarlo...

Mis abuelos terminaron con la porquería entre restregones de salfumán y otros productos altamente tóxicos (aunque seguro que no tanto como los bichos en si mismos). La guinda la pusieron al descolgar la persiana de madera, de esas viejas que pesan un quintal, para limpiarla. O más bien, la guinda la pusieron al volver a colgarla.

Mi abuelo, encaramado a la escalera de toda la vida, mal abierta, se cayó de espaldas tirando a mi abuela al suelo y aterrizando sobre ella. La escalera encima para rematar.
Él cayó en blando, y salvo alguna contusión menor, no hay nada preocupante.
Ella y yo nos dimos nuestro primer viaje en ambulancia, chispas.
Quedó tendida en el suelo, y al llegar corriendo Mon Mère y yo, ya nos dimos cuenta de que lo mejor era no moverla y esperar a los profesionales.

Llamar a una ambulancia no es tarea fácil. Nos pasaron de uno a otro en varias ocasiones, pero al final llegaron disparados con las sirenas a todo trapo.
Moverla fue un tormento, para ella y para mi, que no soporto verla sufrir. Qué amables fueron... La verdad es que esta gente se gana el pan a golpe de riñón, pero bien. Solo puedo deshacerme en halagos y agradecimientos.
Quise acompañarla yo, porque mi madre había venido en su coche, así que cuando las dos estuvimos bien atadas, nos pusimos de camino.
Qué mundo éste, de conductor de ambulancias...

En uno de los pasos de cebra, con la sirena puesta, nos hicieron el alto un par de señoras señalando lo evidente: que era un paso de cebra y que tenían prioridad. Braceaban ofendidísimas hasta que el amigo conductor sacó la cabeza por la ventanilla y gritó: ¡¡A VER, SEÑORAS, QUE COÑO CREEN QUE LLEVO AHÍ ARRIBA, ¿LUCES DE NAVIDAD, O QUÉ?!! Pero ellas siguieron gesticulando indignadas. Hay cada jabalí suelto... estas iban preparadas para refrescarse en la pisci, pero jabalís a fin de cuentas. Y de los berrugosos.

Total, que la pobre abuela está hecha un cromo, sin poder moverse, ni cambiar de posición. Mirando al techo todo el tiempo. Aunque todos nos hacemos cruces de cómo no se ha roto la cadera, la pierna y varias costillas. Mi abuela cumplió en mayo los 91, una edad en la que hay que andarse con ojo.
Ingresó el martes, y ayer cuando llegué me asusté un poco, porque estaba muy pocha y no había tenido ganas ni de ver la telenovela. Y eso es serio.
Hoy ya estaba más alegre. Le he masajeado las piernas, que ya podía mover más o menos, con aceite de espliego, y el olor fresco le ha encantado. Se lo haré todos los días.

Hace tiempo que intento prepararme para el inevitable momento. Me digo a mi misma que son muy mayores, y mal que me pese, no los puedo tener para siempre. Trato de concienciarme, hasta que, llega un martes cualquiera, se me escoñan en el suelo, y tiemblo como un bebé.

También me cabreo, porque accidentes como este, por tozudez, por no molestar, son completamente evitables. Bastantes riesgos tienen ya sin que tienten a la suerte... Y por más que les repetimos que nosotras estamos aquí para hacer ese tipo de tareas, y las que se nos pongan por delante, no hay tu tía. Espero que este susto les sirva para darse cuenta de que ya no son unos niños que puedan trepar escaleras arriba, quitando persianas y cortinas.

martes 8 de julio de 2008

El soldado de plomo

Este fin de semana se celebraba la World Expo en Gerona. En esta ciudad, la asociación El Baluard celebra anualmente el concurso “El soldado de plomo”. Este año se ha juntado todo y ha sido la pera limonera.
Llevábamos meses organizando esta escapada, fuimos con parte de la Cuchipandi (Sonia, Josema y Leo) y un par de amigos. Lo pasamos GENIAL.

Nosotros, como siempre, aparecimos tarde. Yo no puedo librar los sábados, y eso hace que lleguemos poco antes de la cena, vayamos donde vayamos.
Lo primero a destacar del fastuoso fin de semana es el Hotel. No había estado yo en uno de cinco estrellas en mi vida (provinciana que es una) Cinco estrellas bajo el lema “El lujo ya no es lo que era”, que digo yo que no sé como sería antes, porque al lujo lo conozco de lejos, pero ahora mola mil... jejeje
Nada más llegar ya tuvimos que pasar a la habitación de al lado, la de Sonia y Josema, a pedir socorro para vaciar el agua del lavabo.
Lo mejor de todo: La bañera.
Y el minibar gratuito, of course.
Al hacer las reservas era uno de los pocos en los que quedaban plazas, y no me parece excesivamente caro para lo bien que está.
Nos fuimos de la habitación con la promesa de bañarnos aquella noche, fuese la hora que fuese.

Pasamos por la feria para ver qué se cocía y tratar de encontrar a los miembros de La Fábrica Roja, el foro de minis de Prizz. El plus añadido del fin de semana era volver a verlos. Al llegar descubrí que el frikimundo es muy pequeño.
Pude conocer en persona a minna, alguien a quien admiraba mucho en los tiempos del ya extinto Cyberdark, hará cinco o seis años. Estábamos juntas en los grupos de literatura y poesía, El tintero del alma oscura, y El club de la medianoche, y casi puede decirse que asistimos al parto en directo de su hija Marina, que estaba allí con ella. Verlas fue algo muy especial para mi. Resulta que además de escribir, también modela y pinta de putísima madre.

Habíamos quedado a cenar todos, nuestros amigos y los muchachos de la Fábrica. Habían reservado en un restaurante, y ese fue el principio del suplicio culinario al que nos vimos sometidos.

El aire acondicionado no se hacía notar y hacía que la boca del infierno pareciese refrescante. Tardaban en sacar los platos, pero echábamos mucho más en falta el agua. Creo que en varios momentos estuvimos al borde de la deshidratación... La comida era incomestible. Un arroz soso, al que habían tratado de dar sabor especiando en exceso (y el agua sin llegar)
Solo diré que entrábamos a eso de las 9.30 y nos dieeeeron las dieeeez y las oooonce, las doce, la una, las dooos y las treeeeeees (vale, nos dieron la una. Suficiente, ¿no?)
La velada se cerró con veinticinco hojas de reclamaciones. Y es que pagar 25€ por barba por un par de calamares rebozados, una croqueta, dos cucharadas de arroz y un postre... (que no pondría yo las manos en el fuego adivinando si alguien del servicio había escupido en él, pues a esas alturas de la cena ya se había liado la parda)
Nos despedimos y nos fuimos nosotros siete por nuestra cuenta a dar una vuelta por el casco viejo, que es precioso, en busca de un velador o algo donde beber algo. Curiosamente, allí todo cierra muy pronto, aunque sea sábado noche. Así que nos retiramos.

A pesar de que al entrar por la puerta del hotel eran ya cerca de las tres, yo me había prometido el baño nocturno en el lago Míchigan. Digo, en la bañera (me sale la vena Pretty Woman). Y es que en los casi diecisiete años que Prizz y yo llevamos juntos, nunca nos hemos bañado. Algo común y cotidiano para mucha gente, pero para mi un pequeño placer inalcanzable.
Llenamos esa bañera con agua hirviendo, y rebuscando entre los paquetitos que había en el baño, encontré una cajita con un jabón en forma de pelota de golf. Pensando que era una de esas bolas que se deshace en el agua la metí dentro. También puse el gel por si las moscas. Y menos mal, porque la bola de golf resultó ser simplemente jabón de manos. Un consejo: nunca os bañéis con jabón de manos en pastilla. Pero luego volveremos a eso...
Me encantan los paquetes de los baños de los hoteles. Había gorro de ducha, jabones y geles varios, body milk, cepillos de dientes y mini pasta, un limpiador de zapatos...
Y lo mejor es lo limpio que está todo. Impoluto. Ni un pelo, oye.
Habría firmado por tener velas y sales, y tomo nota para la próxima vez (porque le hemos cogido el gusto a esto de las bañeras hoteleras y vamos a hacerlo de vez en cuando)
Al meternos hasta las orejas, escuchamos como se llenaba la bañera de al lado jijiji
Estuvimos dentro hasta que el agua se enfrió, y cuando eso pasó, la volvimos a calentar. Hasta que los dedos no eran dedos, si no pasas arrugadas y mustias sin tacto alguno. Y llegando a ese punto, estuvimos un rato más... Me bebí una tónica helada del minibar. ¿Es así como se siente la gente que tiene dinero? Para completar la escena, me lié una toalla en la cabeza. Esto no tiene nada raro, a menos que os diga que en mi cabeza hay un dedo de pelo (estando largo), y que no necesito toalla alguna, pero coño, me hacía ilusión...
Pensé en como Leo había cronometrado durante la cena el tiempo que tarda un cubito de hielo en derretirse. 38 minutos. Yo quise hacer lo mismo con la dichosa bola de golf. Al final no se deshizo entera, quedó algo del tamaño de una canica de las gordas. Aunque gastamos lo suficiente como para que las señoras que arreglan y reponen las cosas en las habitaciones la mirasen sorprendidas pensando en quien había sido EL BESTIA que se había lavado las manos dos millones de veces. Howard Hugs is dead, así que él no fue.

Al terminar nuestro ritual, caímos en la cama flácidos y sin fuerzas.
Dormimos de un tirón sobre esas almohadas perfectas, hasta que el dichoso despertador hizo su trabajo. Maldición. Yo estaba que no podía ni despegar los ojos.

Decidimos almorzar en el hotel, ya que estaba apartado de la civilización. Aunque es justo decir que la razón real es que vi el brillo de los croissant desde el pasillo del primer piso. Me había bañado en una bañera, y quería el completo, así que nos sentamos a degustar los manjares más deliciosos inventados para el paladar matutino. Nos clavaron hasta el fondo, pero que narices, pagamos con una sonrisa. Aún estábamos flácidos y sin fuerzas.
Y sonrientes nos fuimos a ver, esta vez si, la exposición.

Sobre esto, no sabría ni por donde empezar. Este año ya decidimos que no llevaríamos la cámara de fotos, porque siempre hay muchísimas joyas, y terminas haciendo muchas fotos, pero disfrutando menos del momento. Fue un alivio el no tenerla a mano, porque no habríamos llegado ni a la mitad del recinto.
Con motivo del mundial, había vitrinas y vitrinas. Un nivel altísimo para no despegar los ojos de los cristales ni cinco minutos. Y con el aliciente añadido de ir encontrando trabajos de los amigos por el camino.
Había tantísimas cosas, y tan buenas, que no puedo destacar ninguna en particular. Tanto en histórico como en fantasía.
En cualquier caso, una pequeña mención especial a una, ni mejor ni pero que tantas otras, de artista desconocido, pero que tanto a Sonia como a mi nos estremeció hasta el tuétano.
Una mujer sentada en la silla de su comedor, perfectamente detallado, doblada por la mitad y cubriéndose la cara con las manos en un horrible gesto de dolor. En el suelo reposaba un sobre, y en su regazo, la carta. En los laterales de la peana podía leerse “Para el mundo solo era un hombre” “Para mi era un mundo”
Al lado de esa, otra del mismo autor. Un soldado herido mirando la foto de su amada. Se titulaba “Una razón para sobrevivir” Las frases estaban en inglés, y Sonia me las traducía.
Es curioso como hay cosas sencillas que te remueven por dentro. Se me puso un nudo en la garganta. Me recordó esa preciosa frase del Talmud, “Quien salva una vida, salva el mundo”

En lo que al mundial se refiere, España superó a los demás equipos. ¡Yujuuuuu!
Y es que oyes, ni me inmuto si ganan la eurocopa, pero cuando hablamos de artistas de tomo y lomo me siento muy orgullosa, ya lo creo.

Y en fin, que nos gastamos un dineral en los stands de las diferentes casas. Hacían descuentillos interesantes, y entre eso, y que nosotros tenemos que morir al palo y pedir por internet añadiendo los molestos gastos de envío... Un día es un día.
Espero ir poniendo el resultado de las compras en breves (dentro de lo que a Prizz le resulta “breve”). La parte buena es que siempre sale de los eventos con muchas ganas de pintar y energías renovadas. Yo le pedí tres encarguitos personales que se me ocurrieron al ver algunas de las piezas, ya que estábamos.

Lo pasamos genial, y esperamos repetir ;)

viernes 4 de julio de 2008

Tócala otra vez, Sam

En muchas ocasiones, mis peores pesadillas tienen como telón desastres naturales o verdaderos Apocalipsis.
De niña me impacto mucho la película “El tiempo en sus manos”. Esa terrible -e imposible- escena en la que la luna se despedaza cayendo sobre la tierra sembrando el horror. En muchos de mis sueños, algo cae del cielo con toda clase de consecuencias. Tsunami incluido. Esto me va mucho, ya que en la sección Desastres naturales, los tsunamis triunfan.

Esta noche he tenido una de esas pesadillas.

Estábamos mis tres actuales compañeras de trabajo y yo. Era como si todo hubiese empezado hace rato y yo me hubiese perdido la primera parte de la película. Es decir, deVice espectadora llega con el tema empezado, mientras que deVice actriz de reparto sabe perfectamente que es lo que se cuece (algo bastante habitual también) y está actuando en consecuencia. Y en fin, que ni idea de qué va la cosa, pero estamos en una especie de playa/embarcadero, ha cundido el pánico y debemos, POR COJONES, llegar al otro lado, a unos kilómetros de allí.
Ya se sabe lo inciertas que son las medidas mar a dentro. Las cosas se ven cerca, pero no lo están tanto.
Íbamos a coger un barco, pero resulta que era un barco que llevaba a bordo una piscina, y a mi compañera Cristina, le dan PAVOR los barcos con piscina (matizo que a ella no le dan ningún pavor los barcos con piscina, es más, yo creo que le gustan, pero los sueños son así de perros). Tiene una fobia del quince y se ve incapaz de ir en el barco de marras, que es el único que hay. Así que como somos muy buenas compañeras, todas decidimos que nadaremos hasta la otra orilla.

Y lo que suele pasar... es meternos en el agua y ver como las dos orillas, de la que salimos y a la que vamos, se alejan de una forma alarmante. Ya no nos parece tan buena idea, y hasta Cristina empieza a ver con buenos ojos la idea del barco. Demasiado tarde.
Nadamos. A lo lejos, vemos una especie de boya. Nadamos.

A medida que nos vamos acercando, pienso en lo extraña que me parece la boya. No es como las que he visto anteriormente, y si David Hasselhoff estuviese aquí, me daría la razón. Pero no está, y no hay ningún vigilante de la playa a la vista. Lástima.

Al llegar hasta ella sé que no quiero mirar. Pienso en pasar de largo con los ojos cerrados. Cogerle la mano de una de las chicas y que me lleve lejos de allí.
Pero claro, al final miro.

Lo que sobresalía del agua, flotando y meciéndose al compás de las olas, es un cuerpo. Lo veo aún de espaldas. Lleva puesto uno de esos abrigos que tienen una capucha con el borde de pelo, y la lleva echada, así que por eso he tardado tanto en darme cuenta. Al pasar a su lado, adelantándolo, queda a la vista la cara. La cara de un muerto es algo inquietante, porque los muertos son cascarones gigantes y vacíos. Y los ojos es lo peor. El espejo del alma mira sin ver. Los suyos se han cristalizado y son como pequeñas pistas de hielo para los insectos. Y en ese momento cumbre y peliculero, en que el vello de todo el cuerpo se eriza, pienso en Leonardo Dicaprio en “Titanic”. Así se le debieron quedar a él, y no me sorprende que Rose soltase lastre dejándolo ir al fondo del gran azul. Era para no mirarlo a los ojos.

Y segundo asalto (odio esto de ir de un lado a otro como un pollo sin cabeza)

Estamos mi madre, mi hermana Rebeca y yo. Algo cae del cielo (como no) La gente corre en una huída frenética y nosotras simplemente nos miramos. Es como una despedida, porque sabemos que no nos vamos a volver a ver, y eso es lo peor de todo, no lo que se nos viene encima.

Parece que pasa una eternidad y seguimos allí, nos cogemos de la mano preparándonos para el momento. Hasta que escuchamos el sonido de millones de toneladas de agua acercándose a toda máquina. Agua, honda expansiva... Qué más da.

Mi madre tiene una lágrima en la mejilla, y eso me duele más que nada.

Somos cascarones gigantes y vacíos. Un guiñapo de ojos cristalizados y sin vida arrastrado por la corriente. Y después, nada. El sonido histriónico del despertador.

jueves 3 de julio de 2008

Cabezas en venta

Al final he decidido vender las cabezas de pruebas sin maquillar. La diferencia será de unos 30 euros cada una, pero Prizz no tiene ningunas ganas de volver a coger un pincel para cuestiones muñequiles, y no pienso insistir. Voy a aprovechar ahora que tengo el chiringuito abierto y me lo saco todo de encima.
¡Esto de vender es sumamente agotador! Y nunca os imaginaríais las preguntas absurdas y estúpidas que tengo que llegar a contestar... hay cada zote suelto... Con decir que en uno de los foros ya he tenido que eliminar la opción de reserva... ¡ARG!

En todo este tiempo no les he cogido ningún cariño. Lo único que me fastidia un poco es no poder colgar unas fotografías de algún maquillaje decente sobre estos lienzos. Los únicos que se les hizo, fueron unas pruebas muy concretas para chica, y quedaban demasiado... raros. Tienen unos rasgos demasiado masculinos.

miércoles 2 de julio de 2008

Cine de verano, veranos de cine

Ayer mientras masticaba el último bocado de comida, deprisa y corriendo para entrar al tajo, vi que en la televisión local emiten clásicos para la sobremesa. Me entró una nostalgia horrorosa, allí, engullendo cuan pavo de granja, pensando en cuando era una cría y mis únicas preocupaciones veraniegas eran ver la peli de después de comer, y tostarme en la piscina. Y lo que hubiese dado por sentarme un ratito en el sillón a reposar, en lugar de irme al zulo a las tres de la tarde. Con toda la malagana del calor, la modorra de la digestión, etc, etc... que bien viven los niños, joder. Que libertad...

Daban en la tele una de vaqueros, con Clark Gable. Según la voz narrativa en off, esta era la historia de dos hombres que no se arredraban ante nada, ni ante nadie. Qué genial.
Fue en aquella época de veranos con mis abuelos, donde le cogí el gustillo al cine, y en especial a los grandes clásicos. Fue una de esas tardes, cuando solo contaba con siete u ocho años, en que decidí que yo de mayor sería Escarlata O'hara. Fijaos que no digo COMO Escarlata O'hara, si no ella mismamente. Yo quería uno de esos besos de tornillo sin lengua, tan propios de la época, que me hiciese temblar las rodillas. Un beso de Clark Gable. Y qué mujer no caería a los pies de
Rhett Butler... Lo que el viento se llevó es una de mis películas favoritas. He perdido la cuenta de las veces que la he visto. Escarlata, la superviviente por antonomasia, mujer de carácter fuerte como a mi me gustan, y con un nombre que por aquel entonces se me antojaba como de súper heroína.

También estaba perdidamente enamorada de Ava Gardner, Lauren Bacall o Rita Hayworth, y adoraba a Humphrey Bogart (y a Miguel Bosé y sus faldas)

Qué lejos están aquellos veranos, y aquellas pasiones desatadas...
Mi abuela siempre me tenía preparada una bolsita de maíces para comer mientras veíamos aquellas películas. De amor, de romanos, o de vaqueros. En blanco y negro o en color.
Ella tiene mucha razón cuando afirma que el cine ya no es como antes. Ya no nos molestamos en hacer buenas y grandes películas, solo películas espectaculares.


Una de mis compañeras nos ha traído hoy un saco de bombones franceses "les pyrenees", y ahora tengo una acidez de estómago terrible. Caca, culo, pedo, pis.

martes 1 de julio de 2008

Deezer

Estoy explorando otros caminos, así que puede que estos días escuchéis cosas raras...
No sé si me gusta más componer una lista para que se escuche aquí lo que yo quiera, o bien dejarlo como estaba.
En cualquier caso, Deezer ofrece muchas posibilidades...
Puedo añadir mis archivos, algo que en el otro reproductor no podía hacer (o no sabía) y descargar lo que hay. Tentador.
Lo malo es que cada vez que entréis arranca con la misma canción, con lo cual, si estáis un minuto siempre escucharéis lo mismo.

A la espera de la Oscuridad

Éste domingo me llevé a Alison para hacerle una sesioncilla de fotos.
El texto es un poema de Alejandra Pizarnik, que es una de mis favoritas, y a Alison le va el estilo particular que tiene.

La música, una vez más, corre a cargo de la saga Silent Hill. Perfecta.

-A la espera de la Oscuridad


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