Soy una persona solitaria y me gusta. Me gusta tener mi espacio de privacidad donde no entra nadie. Me gusta disfrutar de mi tiempo haciendo lo que me apetece en cada momento. La gente me llama egoísta.
Él y yo somos iguales en eso. Creo que es la clave de nuestra relación. Eso y aceptarnos tal y como somos, con nuestras cosas buenas y malas, sin intentar convertir al otro en algo que nunca ha sido. En una copia barata de uno mismo. Y al final, en un reflejo borroso y desdibujado. Él siempre está ahí. Comparte mi soledad, a veces. Y yo sus silencios. Es un hombre de pocas palabras, las justas. No me gusta la gente que habla por hablar, o por rellenar silencios incómodos. Nunca he pensado que el silencio pueda ser incómodo. Él siempre me apoya en todo. Por muy descabelladas o excéntricas que sean mis ocurrencias. Soy libre de ir y venir, igual que lo es Él. Jamás me ha limitado, o frenado, o puesto barreras. Yo a Él tampoco. Y por encima de todo, somos amigos. Me gusta poder hablar de cualquier cosa con Él. Me da ese amor desinteresado que necesito, y que sólo puede dar alguien que te quiere de verdad.
El resto de las relaciones suelen ser egoístas o interesadas.
Todo lo que tengo con mi pareja, soy incapaz de llevarlo a otros planos. Me cuesta mantener a los amigos, por ejemplo. A veces, en mi soledad, los aparto durante semanas o meses y ellos sienten que ya no me preocupo. Y no es así. Yo siempre acudo cuando se me necesita, pero al parecer tengo un concepto retorcido de la amistad.
Yo hago las cosas porque si. Por que quiero y me apetece. Después, parece que todo se convierte en una obligación. Y termino teniendo pesadillas como la de los pasteles de chocolate. Y cuando quiero planear algo en lo que no entran los demás, me siento sucia y traicionera, porque casi lo tengo que hacer a escondidas para poder hacerlo sola. Y me encuentro no contestando al teléfono o no abriendo la puerta. Y me siento atrapada. Asfixiada. Y donde antes había un buen amigo, ahora lo paso por la lupa del hastío y veo a una persona chillona, demasiado alta, indecisa o exageradamente pesada. Ese tipo de tonterías.
Y al final, inevitablemente, se levanta el muro de hielo que después es casi imposible deshacer. Y por alguna razón que desconozco, no puedo comunicarme y decir como me siento. No puedo explicarle por qué. No puedo darle una palmadita en la espalda y decirle que tranquilo, que no es culpa suya, que soy yo, que soy rara, que ya me conoce. Porque no lo entiende. Y en realidad, no me conoce.
sábado 30 de diciembre de 2006
jueves 28 de diciembre de 2006
En la cocina
Detesto cocinar. Me aburre y pierdo todo interés aunque tenga algo entre manos. Puedo quemar la cocina olvidando completamente lo que hay en la sartén al descubrir algo mucho más interesante al asomar la nariz fuera dos segundos.
A Prizz sin embargo le encanta. Es mi alquimista renacentista. Le gusta hacer mezclas con los ingredientes más insólitos y me encanta observarlo sentada sobre la mesa de la cocina, hasta que me obliga a salir porque no le gusta que lo mire fijamente. Lo que pasa, Prizz, es que puede ser que se te olvide a ti también lo que tienes en la sartén si te miro mordiéndome el labio inferior con lascivia y alargo el pie para que me hagas caso. Y me siento celosa de que algo te obligue a concentrarte de manera que reclame toda, absolutamente toda tu atención, como si fuese la única que pudiese conseguir algo semejante. Que tonterías.
Estábamos hablando de comida.
La primera vez que cociné para mis abuelos, bueno, concretamente para él, mi abuelo, fue en la playa. Ellos tenían un pequeño apartamento al que íbamos de vez en cuando en verano. Más por verlos a ellos, que se pasaban allí meses, que por la playa en si. También detesto la playa. Ese verano, hace ya muchos años, ingresaron a mi abuela con una flebitis. Prizz y yo nos hicimos cargo de la cocina en su ausencia. Macarrones y pechugas a la plancha. Sencillito. Los macarrones de Prizz me recordaron a aquellas manos terriblemente pegajosas que los niños lanzaban al pelo de las niñas desde el pupitre de atrás en clase. Eran de colores y recalco lo de terriblemente pegajosas. Si te caía una en el pelo estiraban otra vez y siempre se llevaban unos cuantos de recuerdo. Como los niños entonces llevaban el pelo bastante corto, las manos no eran demasiado efectivas, así que nosotras optábamos por arrancar directamente...
Pero estábamos hablando de comida.
Los macarrones. Era una especie de masa de la cual no podía extraerse uno solo...
Las pechugas eran mías. Murieron carbonizadas y no se salvó ni una.
Mi abuelo trató de solucionarlo con el buen humor que le caracteriza: “Cosas peores comí en la guerra... menos cuando estaba en Francia, claro. Allí nos daban latas de búfalo y condones a todos. Nos daban de las dos cosas a diario.” Los búfalos, por si alguien lo dudaba, se extinguieron gracias a los franceses, que alimentaban a sus tropas enlatándolos a discreción.
Después, a Prizz le entró el gusanillo de las cosas bien hechas y aprendió. Yo no. Yo no tengo ningún gusanillo.
Al mudarnos, decidí que el día de navidad se comía en casa. A mis abuelos les hace mucha ilusión toda la parafernalia navideña, y yo que soy así, dije, pues oye, que menos que cocinar para ellos. Con amor, como dice Rebeca. Elegí una receta. Pollo a la canela. Me gusta el pollo. Me gusta la canela. ¿Qué podía pasar? Pues sin entrar demasiado en técnicas, mi abuelo se echó la siesta entre el primer plato y el segundo, mientras mi abuela me daba consejos sobre el problema de abrir el horno durante el proceso, o porqué la comida congelada tarda más de la cuenta en llegar al punto. Aquello estaba incomible. Él volvió a contarnos la historia de la guerra y los búfalos, y yo decidí rendirme reduciendo mi presencia en la cocina a meter las palomitas de microondas en el microondas. Hasta que lo quemé (el microondas, valga la redundancia ya). Mi nuevo y brillante aparato lo atestigua.
Brr... mejor me dedico a sentarme en la mesa de la cocina y estirar el pie en busca de un Prizz frenético porque se le quema el aceite je jee jeee...
A Prizz sin embargo le encanta. Es mi alquimista renacentista. Le gusta hacer mezclas con los ingredientes más insólitos y me encanta observarlo sentada sobre la mesa de la cocina, hasta que me obliga a salir porque no le gusta que lo mire fijamente. Lo que pasa, Prizz, es que puede ser que se te olvide a ti también lo que tienes en la sartén si te miro mordiéndome el labio inferior con lascivia y alargo el pie para que me hagas caso. Y me siento celosa de que algo te obligue a concentrarte de manera que reclame toda, absolutamente toda tu atención, como si fuese la única que pudiese conseguir algo semejante. Que tonterías.
Estábamos hablando de comida.
La primera vez que cociné para mis abuelos, bueno, concretamente para él, mi abuelo, fue en la playa. Ellos tenían un pequeño apartamento al que íbamos de vez en cuando en verano. Más por verlos a ellos, que se pasaban allí meses, que por la playa en si. También detesto la playa. Ese verano, hace ya muchos años, ingresaron a mi abuela con una flebitis. Prizz y yo nos hicimos cargo de la cocina en su ausencia. Macarrones y pechugas a la plancha. Sencillito. Los macarrones de Prizz me recordaron a aquellas manos terriblemente pegajosas que los niños lanzaban al pelo de las niñas desde el pupitre de atrás en clase. Eran de colores y recalco lo de terriblemente pegajosas. Si te caía una en el pelo estiraban otra vez y siempre se llevaban unos cuantos de recuerdo. Como los niños entonces llevaban el pelo bastante corto, las manos no eran demasiado efectivas, así que nosotras optábamos por arrancar directamente...
Pero estábamos hablando de comida.
Los macarrones. Era una especie de masa de la cual no podía extraerse uno solo...
Las pechugas eran mías. Murieron carbonizadas y no se salvó ni una.
Mi abuelo trató de solucionarlo con el buen humor que le caracteriza: “Cosas peores comí en la guerra... menos cuando estaba en Francia, claro. Allí nos daban latas de búfalo y condones a todos. Nos daban de las dos cosas a diario.” Los búfalos, por si alguien lo dudaba, se extinguieron gracias a los franceses, que alimentaban a sus tropas enlatándolos a discreción.
Después, a Prizz le entró el gusanillo de las cosas bien hechas y aprendió. Yo no. Yo no tengo ningún gusanillo.
Al mudarnos, decidí que el día de navidad se comía en casa. A mis abuelos les hace mucha ilusión toda la parafernalia navideña, y yo que soy así, dije, pues oye, que menos que cocinar para ellos. Con amor, como dice Rebeca. Elegí una receta. Pollo a la canela. Me gusta el pollo. Me gusta la canela. ¿Qué podía pasar? Pues sin entrar demasiado en técnicas, mi abuelo se echó la siesta entre el primer plato y el segundo, mientras mi abuela me daba consejos sobre el problema de abrir el horno durante el proceso, o porqué la comida congelada tarda más de la cuenta en llegar al punto. Aquello estaba incomible. Él volvió a contarnos la historia de la guerra y los búfalos, y yo decidí rendirme reduciendo mi presencia en la cocina a meter las palomitas de microondas en el microondas. Hasta que lo quemé (el microondas, valga la redundancia ya). Mi nuevo y brillante aparato lo atestigua.
Brr... mejor me dedico a sentarme en la mesa de la cocina y estirar el pie en busca de un Prizz frenético porque se le quema el aceite je jee jeee...
jueves 21 de diciembre de 2006
Pide un deseo
En estas fechas, el día que más me gusta, pero mucho, mucho, es el día del sorteo de la lotería de navidad. Mañana.
El veintidós de diciembre huele a vino dulce y a rosquillas de anís.
Yo no suelo comprar lotería nada más que lo imprescindible, la del curro. El mío y el de Prizz. La suficiente para dejar la puerta abierta al destino o al azar. Siempre suele decirse que nunca toca, pero cuando a medio día, veo en las imágenes del telediario a la gente de la calle descorchando champán y pensando en “tapar agujeros”, no puedo evitar el sonreír... ¿qué haría yo, si me toca la lotería?
¡¡Que la fuerza nos acompañe!!
Mañana editaré con el link a la página/buscador de números premiados.
Editando: Buscador de números premiados
¡¡¡¡Pues a mi me han caído doscientos cuarenta leuros!!!!
Me ha hecho más feliz que una codorniz, ¡¡¡para que veas que me conformo con poco!!!
El veintidós de diciembre huele a vino dulce y a rosquillas de anís.
Yo no suelo comprar lotería nada más que lo imprescindible, la del curro. El mío y el de Prizz. La suficiente para dejar la puerta abierta al destino o al azar. Siempre suele decirse que nunca toca, pero cuando a medio día, veo en las imágenes del telediario a la gente de la calle descorchando champán y pensando en “tapar agujeros”, no puedo evitar el sonreír... ¿qué haría yo, si me toca la lotería?
¡¡Que la fuerza nos acompañe!!
Mañana editaré con el link a la página/buscador de números premiados.
Editando: Buscador de números premiados
¡¡¡¡Pues a mi me han caído doscientos cuarenta leuros!!!!
Me ha hecho más feliz que una codorniz, ¡¡¡para que veas que me conformo con poco!!!
martes 19 de diciembre de 2006
Buscando en la nevera
Últimamente estoy bastante perezosa para coger un libro. Parece que no encuentro ninguno lo suficientemente bueno. Me temo que me estoy volviendo demasiado sibarita.
Me asomo a las estanterías. Mis pequeños tesoros se apilan o amontonan allá donde miro. Nos estamos quedando sin espacio... Miro sin saber muy bien lo que busco. Como cuando abres la nevera y no tienes muy claro lo que te apetece comer. Más tarde, vuelves a abrirla como si se hubiese llenado por arte de magia, pero no hay nada nuevo en su interior.
Tengo hambre. Hambre literaria. Y busco algo especial para momentos especiales.
Los libros son para mi como los olores. Los asocio a ciertos momentos de la vida y me gusta recordar en su compañía. Volver allí una vez más.
Paseo la vista arriba y abajo. Derecha, izquierda. Hasta que lo veo. El libro perfecto para este momento. Justo entre El Jugador y La espuma de los días. Es un libro que he leído ya varias veces y nunca me cansa. El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov. Esta ya algo amarillento, porque tiene sus añitos. Lo abro, lo huelo. Si. Sin duda, este es.
La primera vez que lo leí, me enamoré perdidamente de Voland, el mismísimo diablo. Y de Margarita Nikoláyevna. “¡Adelante, lector! ¿Quién te ha dicho que no puede haber amor verdadero , fiel y eterno en el mundo, que no existe? ¡Que le corten la lengua repugnante a ese mentiroso!”
Me encantan los personajes de Bulgákov. Todos tienen un toque de locura y surrealismo que me pierde...
La historia principal está mezclada con otra mucho más antigua. La del quinto procurador de Judea, el cruel jinete Poncio Pilatos. (El libro termina con esta frase)
Como dato curioso, la mítica sympathy for the devil de los Stones, está basada en este libro.
Please allow me to introduce myself
I'm a man of wealth and taste
I've been around for a long, long year
Stole many a man's soul and faith...
Me voy a leer.
Me asomo a las estanterías. Mis pequeños tesoros se apilan o amontonan allá donde miro. Nos estamos quedando sin espacio... Miro sin saber muy bien lo que busco. Como cuando abres la nevera y no tienes muy claro lo que te apetece comer. Más tarde, vuelves a abrirla como si se hubiese llenado por arte de magia, pero no hay nada nuevo en su interior.
Tengo hambre. Hambre literaria. Y busco algo especial para momentos especiales.
Los libros son para mi como los olores. Los asocio a ciertos momentos de la vida y me gusta recordar en su compañía. Volver allí una vez más.
Paseo la vista arriba y abajo. Derecha, izquierda. Hasta que lo veo. El libro perfecto para este momento. Justo entre El Jugador y La espuma de los días. Es un libro que he leído ya varias veces y nunca me cansa. El maestro y Margarita, de Mijaíl Bulgákov. Esta ya algo amarillento, porque tiene sus añitos. Lo abro, lo huelo. Si. Sin duda, este es.
La primera vez que lo leí, me enamoré perdidamente de Voland, el mismísimo diablo. Y de Margarita Nikoláyevna. “¡Adelante, lector! ¿Quién te ha dicho que no puede haber amor verdadero , fiel y eterno en el mundo, que no existe? ¡Que le corten la lengua repugnante a ese mentiroso!”
Me encantan los personajes de Bulgákov. Todos tienen un toque de locura y surrealismo que me pierde...
La historia principal está mezclada con otra mucho más antigua. La del quinto procurador de Judea, el cruel jinete Poncio Pilatos. (El libro termina con esta frase)
Como dato curioso, la mítica sympathy for the devil de los Stones, está basada en este libro.
Please allow me to introduce myself
I'm a man of wealth and taste
I've been around for a long, long year
Stole many a man's soul and faith...
Me voy a leer.
lunes 18 de diciembre de 2006
Ahora si que si, la navidad ya está aquí...
Cada año desde hace ya unos cuantos, tiene lugar la misma escena navideña con una de las señoras a las que atiendo.
La señora en cuestión, momentos antes de irse, mete la mano en su bolsillo, y entre varios kleenex usados me saca un ferrero roché que parece de segunda mano, medio desenvuelto y derretido (tengo mis dudas sobre si el ferrero está semiderretido, o es que le ha dado una pasadita para asegurarse de que no me da nada en mal estado)
Me lo ofrece, y yo estoy en la tesitura de hacer como los nipones, que como norma de etiqueta, debían rechazar un regalo tres veces antes de aceptarlo, pero esperando a que se canse a la segunda y lo vuelva a meter en el oscuro agujero de donde lo sacó segundos antes.
Me mira con una sonrisa condescendiente y me dice: “Toma hija mía, que es navidad” Y en esa única frase viene implícito que me ofrece algo que de no ser por ella, yo, pobre desgraciada, nunca habría llegado a probar. Y por unos instantes me asoma al fantastilloso mundo de la Preysler y de los polos Lacoste, que parece ser, sólo alcanzo a vislumbrar en sueños. El suyo, vamos. Porque esta señora exuda billetes...
Preferiría que dejase una propina en el bote de las propinas, la verdad.
Porca miseria.
-Toma hija mía, que es navidad.
-No, gracias...
-Toma hija mía, que es navidad.
-No, gracias...
-Toma hija mía, que es navidad.
-... T_T
Hoy me siento rebelde. Cacaculopedopis.
La señora en cuestión, momentos antes de irse, mete la mano en su bolsillo, y entre varios kleenex usados me saca un ferrero roché que parece de segunda mano, medio desenvuelto y derretido (tengo mis dudas sobre si el ferrero está semiderretido, o es que le ha dado una pasadita para asegurarse de que no me da nada en mal estado)
Me lo ofrece, y yo estoy en la tesitura de hacer como los nipones, que como norma de etiqueta, debían rechazar un regalo tres veces antes de aceptarlo, pero esperando a que se canse a la segunda y lo vuelva a meter en el oscuro agujero de donde lo sacó segundos antes.
Me mira con una sonrisa condescendiente y me dice: “Toma hija mía, que es navidad” Y en esa única frase viene implícito que me ofrece algo que de no ser por ella, yo, pobre desgraciada, nunca habría llegado a probar. Y por unos instantes me asoma al fantastilloso mundo de la Preysler y de los polos Lacoste, que parece ser, sólo alcanzo a vislumbrar en sueños. El suyo, vamos. Porque esta señora exuda billetes...
Preferiría que dejase una propina en el bote de las propinas, la verdad.
Porca miseria.
-Toma hija mía, que es navidad.
-No, gracias...
-Toma hija mía, que es navidad.
-No, gracias...
-Toma hija mía, que es navidad.
-... T_T
Hoy me siento rebelde. Cacaculopedopis.
domingo 17 de diciembre de 2006
País de sueños
Hoy he dormido algo así como catorce horas seguidas. En lugar de levantarme como nueva, estoy que no me puedo ni mover. Alguien me ha dado una paliza esta noche. Me ha costado casi una hora recolocar cada parte de mi anatomía. Que dolor más inhumano.
He tenido un sueño raro. Pero raro de cojones.
Había mucha gente conocida y vivíamos todos hacinados en una especie de zulo parecido a una alcantarilla. Arriba la gente paseaba y reía alegremente sin saber de nuestra existencia. No-sé-como, consigo salir y tengo que robar un disfraz para mezclarme con la multitud: Un polo de Lacoste. El cocodrilo verde me sonríe y me da la bienvenida a su mundo. Doy un salto y ya sé a que coño huelen las nubes. Me paseo entre ellas y tienen la textura de una cama elástica. Salto cada vez más alto. Estiro la mano para tocar el sol, que es como una especie de gigantesco caramelo amarillo. Cuando lo alcanzo, el cocodrilo me guiña un ojo y desaparece. Caigo al vacío.
Por otro lado...
Si queréis saber lo que se cocía en realidad en Fraggle Rock... je jee jeee...
He tenido un sueño raro. Pero raro de cojones.
Había mucha gente conocida y vivíamos todos hacinados en una especie de zulo parecido a una alcantarilla. Arriba la gente paseaba y reía alegremente sin saber de nuestra existencia. No-sé-como, consigo salir y tengo que robar un disfraz para mezclarme con la multitud: Un polo de Lacoste. El cocodrilo verde me sonríe y me da la bienvenida a su mundo. Doy un salto y ya sé a que coño huelen las nubes. Me paseo entre ellas y tienen la textura de una cama elástica. Salto cada vez más alto. Estiro la mano para tocar el sol, que es como una especie de gigantesco caramelo amarillo. Cuando lo alcanzo, el cocodrilo me guiña un ojo y desaparece. Caigo al vacío.
Por otro lado...
Si queréis saber lo que se cocía en realidad en Fraggle Rock... je jee jeee...
viernes 15 de diciembre de 2006
Oscura inocencia

Mi hermana Rebeca y yo siempre hemos tenido la costumbre o manía de escondernos en cualquier sitio y asustarnos en el momento más inoportuno. Desde que éramos niñas hasta que yo me fui de casa. Tengo que reconocer que a ella se le daba mucho mejor que a mi. Si de mayor sufro del corazón, se lo deberé todo a ella. No sé como no nos han salido canas porque francamente, éramos unas auténticas hijas de la gran *piiiiip*
Para que os hagáis una idea, una noche me metí en mi habitación para acostarme. Duermo con la puerta cerrada. Me puse el pijama, me metí en la cama y apagué la luz. Cuando ya estaba casi dormida, Rebeca apareció de debajo de mi cama saltándome encima. Era mejor que yo porque tenía paciencia y era incansable. Podía acechar durante horas si era necesario. Unas veces me esperaba en el garaje, o detrás de la puerta del baño. O llamaba a la puerta y se agachaba para que no la viese al abrirla. Esto me lo suele hacer mucho otro de mis amigos y el otro día me tiró al suelo en medio de un grito que resonó por toda la escalera. Si escuchas con atención, aún puede escucharse el eco...
Mon Mère resultaba salpicada en muchas ocasiones recibiendo alguno que iba dedicado a mi o a Rebeca. Una vez me escondí en la despensa durante mucho rato y la primera que abrió la puerta fue ella... Aún me escuecen las orejas al recordarlo.
Siempre hemos tenido unos juegos un tanto peculiares y morbosos esta Rebeca y yo. Como cuando jugábamos a las autopsias con las barriguitas y las Nancys. (creo recordar que lo he mencionado alguna vez por aquí...)
Disfrutábamos de lo lindo con todo aquello que daba miedo o asustaba a la otra.
Yo pasaba horas en la puerta de casa, observando los hormigueros del pequeño jardín de la entrada. Me gustaba meter una hormiga negra en el hormiguero de las rojas y al revés. Las rojas eran mucho más agresivas y no tardaban en despedazarla. Me gustaba coleccionarlas. Las cogía vivas y las pegaba a una hoja de papel con una cola transparente y les daba nombres que escribía debajo. Me gustaba mirarlas hasta que dejaban de moverse.
También nos gustaban mucho las lagartijas. Las solíamos vestir con flores de tela de uno de esos juegos de “crea tus flores” aunque a veces se nos partían en el proceso. También nos gustaba mirar hasta que dejaban de moverse. Era raro que pudieran seguir haciéndolo con el torso seccionado, y aguantaban mucho más que las hormigas...
Cuando todo terminaba, las metíamos en una caja de cerillas y oficiábamos un funeral. Los motivos religiosos siempre me han llamado la atención. Yo misma bautizaba a mi hermana cada vez que nos bañaban juntas porque mi abuela se empeñaba en decir que iría a parar al limbo. Y cuando fuimos algo más mayores, yo tendría unos diez años, la llevé a una iglesia y tomamos la comunión las dos. Me intrigaba y asustaba que no fuésemos al cielo como los demás niños, por más que mi profesora dijese que los niños no tienen pecados. A principios de los ochenta, el 99% de los niños estudiaban religión, estaban bautizados y comulgaban cuando tocaba. En mi clase era la única que pasaba esas clases dibujando y mirando a los demás por el rabillo del ojo. Mi padre opinaba que uno debe elegir cuando es adulto y sabe lo que hace, y no cuando tiene nueve años, comprado por los regalos del acontecimiento. Si era duro ser un niño, mucho más ser un niño diferente. Ahora, con 31 pienso lo mismo que él, así que supongo que todos estamos estigmatizados desde pequeños, ya sea por unos o por otros.
Como dije hace poco, los sombreros de copa me han fascinado desde siempre. Y las arañas. Arañas con sombreros de copa. Eso era lo que dibujaba en clase siempre que había que dibujar algo. Los sombreros de copa llevaban una puerta que al abrirla, aparecía otra araña diminuuuta... Me encantaban esos recortables para vestir a muñecas de papel, pero yo me hacía los míos. No eran muñecas, eran arañas. Les hacía preciosos trajes de lolita y las colgaba de un hilo en cualquier parte. En casa de mis abuelos encontraban su hogar bajo la máquina de coser. Ellos siempre pretendían disuadirme pidiéndome que dibujase perritos o gatitos. O paisajes soleados.
También le arrancaba las alas a las moscas. Aunque dejé de jugar con ellas cuando al apretarles del bulbo que hace las veces de cuerpo, vi que salían larvas. Los bichos sin patas me dan mucho asco. Allí descubrí que los gusanos de la descomposición (otro tema que me atraía e inquietaba) provienen de las propias moscas que los depositan en la carne, y no de la carne en si.
Desde los ojos de un niño, las cosas cotidianas pueden ser grandes misterios que no parecen tener respuesta. Y cuando la tienen, quiere decir que hemos crecido. La idea nos asalta a veces abriéndose camino despacio, y otras empujando dolorosamente.
Terminator...
Estos días he estado resucitando videos viejos para mandárselos a mis compis y si no os dejo este, reviento. Creo que es el mejor que he visto hasta la fecha...
P.D: Hoy en vez de comprar cosas precocinadas, he llamado al chino directamente...
P.D: Hoy en vez de comprar cosas precocinadas, he llamado al chino directamente...
miércoles 13 de diciembre de 2006
Adiós, mi bella durmiente...
Esta semana he vendido la cabecita de Soony Sleeping. Cuando compramos a Miho, el molde Soony estaba fuera de stock. Por no esperar a saber cuanto a que repusiesen, pedimos la Special. Casi todos los moldes de Luts tienen su versión Special. Esto quiere decir que son iguales a los normales, pero con su cabecita durmiente. El precio está mejor, ya que una cabeza suelta cuesta 110$ y al comprarlo así te descuentan 20$. En un principio pensé en darle uso. Me parecía muy versátil tener dos cabezas. Eso fue hasta que vi lo que cuesta cambiarlas. Me da miedo forzar una pieza de resina en la que descansa el gancho metálico que une la cabeza al cuerpo. La tensión de las gomas que sujeta es demasiada como para estar abriendo y cerrando cada vez que me apetezca hacer fotos. Total que en cuanto me di cuenta de que no iba a utilizarla, para tenerla en un cajón criando polvo, la puse a la venta.
Mañana, mi dulce máscara veneciana partirá rumbo a su nuevo hogar. Me ha dado pena, porque es preciosa, pero a Hachi, la chica del foro que se la queda, le hace una ilusión tremenda y eso me alegra mucho. Por otro lado, parte de los fondos reunidos en la venta irán destinados al bote de Faeril, que ya estaría lleno si no echásemos mano cada vez que hay un imprevisto. Voy cambiando billetes por vales y luego tengo que posponerlo al no poder recuperarlos de golpe. Que vida más dura. He conseguido el dinero, y no puedo comprarla todavía.
La cabecita preparada para irse al sobre (literalmente)

Mañana, mi dulce máscara veneciana partirá rumbo a su nuevo hogar. Me ha dado pena, porque es preciosa, pero a Hachi, la chica del foro que se la queda, le hace una ilusión tremenda y eso me alegra mucho. Por otro lado, parte de los fondos reunidos en la venta irán destinados al bote de Faeril, que ya estaría lleno si no echásemos mano cada vez que hay un imprevisto. Voy cambiando billetes por vales y luego tengo que posponerlo al no poder recuperarlos de golpe. Que vida más dura. He conseguido el dinero, y no puedo comprarla todavía.
La cabecita preparada para irse al sobre (literalmente)

martes 12 de diciembre de 2006
Búscate la vida
El otro día estuve mirando videos del YouTube y encontré varios de esta serie. La emitían hace muchos años en canal+ a mediodía. Tiene un humor un tanto simplón, pero en mi casa nos reíamos cosa mala.
Debía ser la temporada de las series absurdas, porque entró sustituyendo a “Deja la sangre correr” Otra que tal...
Raíces 1 de 2
Raíces 2 de 2
Debía ser la temporada de las series absurdas, porque entró sustituyendo a “Deja la sangre correr” Otra que tal...
Raíces 1 de 2
Raíces 2 de 2
Como decía Borges...

«Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la próxima trataría de cometer más errores. No intentaría ser tan perfecto, me relajaría más. Sería más tonto de lo que he sido, de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad. Sería menos higiénico. Correría más riesgos, haría más viajes, contemplaría más atardeceres, subiría más montañas, nadaría más ríos. Iría a más lugares adonde nunca he ido, comería más helados y menos habas, tendría más problemas reales y menos imaginarios. Yo fui una de esas personas que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida; claro que tuve momentos de alegría. Pero si pudiera volver atrás trataría de tener solamente buenos momentos. Por si no lo saben, de eso está hecha la vida, sólo de momentos; no te pierdas el ahora.»
«Si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano. Si pudiera volver a vivir comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera y seguiría descalzo hasta concluir el otoño. Daría más vueltas en calesita, contemplaría más amaneceres, y jugaría con más niños, si tuviera otra vez vida por delante. Pero ya ven, tengo 85 años... y sé que me estoy muriendo»
-Carpe Diem-
domingo 10 de diciembre de 2006
martes 5 de diciembre de 2006
Pizza calzone y sombreros de copa
Bueeeeeno. Hoy he salido un poco antes a mediodía, para entrar un poco antes. La tarde se avecina eterna. En cualquier caso, tengo cinco días de fiesta por delante. Aquí, en mi ciudad, este jueves también es festivo. Una de esas fiestas locales que caen en domingo y que sabiamente han pasado allí para disgusto de algunos al parecer, y alegría de muchos. Y el sábado, unico día laboral que queda, hacemos puente. Escribo unas líneas mientras espero a que mi pizza calzone esté en su punto. A ver si no se me va la cabeza y la termino quemando, como suele ser lo habitual. Soy un poco desastre.
Ya es definitivo que no podré pedir a Faeril este mes. Y con toda seguridad, el que viene tampoco. Demasiados gastos y una economía poco boyante son los culpables. He aprovechado para aligerar el carrito de la compra y apuntarme a un pedido conjunto en el foro a Luts. Encargaré las botitas y sus ojos. Así cuando la pida no será tanto dinero de golpe. El otro día, revisando la página vi un par de conjuntos en cuero, un poco como de punk trasnochado, preciosos. Y caríííísimos, of course. Después de un día dándole vueltas y molestando a Prizz con mis indecisiones, llegué a la conclusión de que los compraba. Cuando me puse a ello, resulta que ya los habían retirado. Malditos.
Es lo malo que tienen estas tiendas, como veas algo y haya amor a primera vista, o lo compras o te despides. Con lo guapa que estaría mi gatita. Uno de ellos hasta llevaba sombrerito de copa. No sé si lo he mencionado alguna vez, pero tengo una fijación terrible con los sombreros de copa y hongo. Algún día, tendré uno, y para disgusto de alguien me lo pondré para acudir a los saraos.
*He sacado la calzone. Soy bastante escéptica en cuanto a pizza precocinada se refiere, pero he de admitir que esta tiene una pinta cojonuda.*
No sé que haremos estos días. Supongo que nos quedaremos cómodamente en casa, disfrutando de la tranquilidad de no tener que salir corriendo con la comida en la boca.
¿No os parecen perfectos esos momentos en los que estás en casa viendo o leyendo algo que te apetece mucho sin ningún tipo de agobio ni horario? Me encanta tumbarme a la bartola. No hacer ni el huevo. No dar palo al agua. Tocarme las narices. Prizz, durante cinco días el mundo es nuestro.
*La calzone visualmente está genial y huele de miedo, pero todo se queda en presencia. Vaya porquería. Puajjj*
Editando:
P.D: La pizza la he sacado, pero el horno sin apagar... menos mal que lo he visto antes de salir. Hay que joderse...
P.P.D: Voy a llegar tarde por añadir la pd.
Ya es definitivo que no podré pedir a Faeril este mes. Y con toda seguridad, el que viene tampoco. Demasiados gastos y una economía poco boyante son los culpables. He aprovechado para aligerar el carrito de la compra y apuntarme a un pedido conjunto en el foro a Luts. Encargaré las botitas y sus ojos. Así cuando la pida no será tanto dinero de golpe. El otro día, revisando la página vi un par de conjuntos en cuero, un poco como de punk trasnochado, preciosos. Y caríííísimos, of course. Después de un día dándole vueltas y molestando a Prizz con mis indecisiones, llegué a la conclusión de que los compraba. Cuando me puse a ello, resulta que ya los habían retirado. Malditos.
Es lo malo que tienen estas tiendas, como veas algo y haya amor a primera vista, o lo compras o te despides. Con lo guapa que estaría mi gatita. Uno de ellos hasta llevaba sombrerito de copa. No sé si lo he mencionado alguna vez, pero tengo una fijación terrible con los sombreros de copa y hongo. Algún día, tendré uno, y para disgusto de alguien me lo pondré para acudir a los saraos.
*He sacado la calzone. Soy bastante escéptica en cuanto a pizza precocinada se refiere, pero he de admitir que esta tiene una pinta cojonuda.*
No sé que haremos estos días. Supongo que nos quedaremos cómodamente en casa, disfrutando de la tranquilidad de no tener que salir corriendo con la comida en la boca.
¿No os parecen perfectos esos momentos en los que estás en casa viendo o leyendo algo que te apetece mucho sin ningún tipo de agobio ni horario? Me encanta tumbarme a la bartola. No hacer ni el huevo. No dar palo al agua. Tocarme las narices. Prizz, durante cinco días el mundo es nuestro.
*La calzone visualmente está genial y huele de miedo, pero todo se queda en presencia. Vaya porquería. Puajjj*
Editando:
P.D: La pizza la he sacado, pero el horno sin apagar... menos mal que lo he visto antes de salir. Hay que joderse...
P.P.D: Voy a llegar tarde por añadir la pd.
lunes 4 de diciembre de 2006
Amnistía Animal
Amnistía animal está recojiendo firmas para que tengamos una ley que controle los malos tratos a los animales.
Rebeca me ha pasado el link, así que os lo voy a dejar aquí para el que le interese.
Entra y firma
Rebeca me ha pasado el link, así que os lo voy a dejar aquí para el que le interese.
Entra y firma
domingo 3 de diciembre de 2006
Bust-A-Move
Ayer teníamos muchas cositas que hacer y no pudimos quedar con los amigos para la partidita sabadera.
Al quedarnos solos sin salir tampoco a cenar ni nada, se me ocurrió darle un poco de fiesta al Bust-A-Move, la segunda edición para la Play One.
Prizz, Rebeca y yo nos pegamos en su día unas viciadas tremendas a este juego. Puede parecer simplón, pero no veas como te ríes y la competitividad que llega a desencadenar... ya que generalmente se pierde por culpa del otro.
Consiste en juntar tres o más bolas de un color. Todo lo que queda por debajo de ellas le cae al adversario encima. Prizz tiene una técnica asombrosa para ir excavando y dejar todas sus bolas pendientes de la aparición de un color. Con lo cual, el resultado es que termina enmierdándote la pantalla completa.
Las primeras vente partidas las ganó él, pero es que ¡¡¡mi mando estaba roto!!! Exigí ir a comprar otro rápidamente. Eran las nueve y media de la tarde, y el eroski cierra a las diez. Corrimos hasta él, yo súper picada con semejante injusticia y Prizz jactándose de que me iba a ganar otras vente. Asqueroso...
Total que me compré uno bien bonito. Amarillo transparente. Con un cable enorme para no arrancarlo a la primera de cambio.
Al enchufarlo, mi flecha se movía a la velocidad de la luz. Menuda diferencia, hombre. Dónde va a parar.
Prizz me ganó igual.

Véase al pequeño lagarto azul (de Prizz), riéndose descontroladamente, y al verde (el mío) sudando profusamente...
Ese pequeño cabroncete se preparaba para lanzarme otra bola, la que me había de emparedar. No tienes corazón...
Prizz: Si quieres un juego entre caballeros, está claro que ESTE NO LO ES jajajaJAJAJAJAjajajajaJAJAJAMUuuuAaaaaJAJAJAJAJAJAhfjdhfdfjhdkhfdkfjkdsdf
Al quedarnos solos sin salir tampoco a cenar ni nada, se me ocurrió darle un poco de fiesta al Bust-A-Move, la segunda edición para la Play One.
Prizz, Rebeca y yo nos pegamos en su día unas viciadas tremendas a este juego. Puede parecer simplón, pero no veas como te ríes y la competitividad que llega a desencadenar... ya que generalmente se pierde por culpa del otro.
Consiste en juntar tres o más bolas de un color. Todo lo que queda por debajo de ellas le cae al adversario encima. Prizz tiene una técnica asombrosa para ir excavando y dejar todas sus bolas pendientes de la aparición de un color. Con lo cual, el resultado es que termina enmierdándote la pantalla completa.
Las primeras vente partidas las ganó él, pero es que ¡¡¡mi mando estaba roto!!! Exigí ir a comprar otro rápidamente. Eran las nueve y media de la tarde, y el eroski cierra a las diez. Corrimos hasta él, yo súper picada con semejante injusticia y Prizz jactándose de que me iba a ganar otras vente. Asqueroso...
Total que me compré uno bien bonito. Amarillo transparente. Con un cable enorme para no arrancarlo a la primera de cambio.
Al enchufarlo, mi flecha se movía a la velocidad de la luz. Menuda diferencia, hombre. Dónde va a parar.
Prizz me ganó igual.

Véase al pequeño lagarto azul (de Prizz), riéndose descontroladamente, y al verde (el mío) sudando profusamente...
Ese pequeño cabroncete se preparaba para lanzarme otra bola, la que me había de emparedar. No tienes corazón...
Prizz: Si quieres un juego entre caballeros, está claro que ESTE NO LO ES jajajaJAJAJAJAjajajajaJAJAJAMUuuuAaaaaJAJAJAJAJAJAhfjdhfdfjhdkhfdkfjkdsdf
viernes 1 de diciembre de 2006
Pesadilla antes de navidad

Y ya estamos en diciembre. Llamando impacientes a las puertas de unas navidades que cada vez parecen empezar antes.
Otros años por estas fechas, el rictus que me delata ya empieza a asomarme a la comisura de los labios. No sé porqué pero odio, detesto y aborrezco las navidades. No os vayáis a pensar que soy un ser antisocial y solitario. Bueno, a veces si, pero sólo a veces. No doy el perfil de señor Scrooge, en el Cuento de Navidad de Dickens, pero sin embargo llega diciembre y me transformo en un pequeño monstruo que se desempolva la nariz tras los once meses transcurridos en algún cajón del subconsciente desde su última aparición en público. Las únicas navidades que puedo imaginar sin retorcerme de dolor son las de Tim Burton.
Como decía, no sé porqué.
Este año algo ha cambiado, y aunque tampoco sé de qué se trata, sólo sé que estoy relajada y que no me importa que los días se me echen encima llenos de regalos por comprar y de reuniones familiares a las que asistir.
Ayer andaba, simplemente por el placer de hacerlo. Empieza a hacer frío de verdad y me encanta sentirlo en la cara. En el balcón de un segundo piso de una calle céntrica, un señor muy mayor sacudía una campana y saludaba con una sonrisa desprovista de dientes a la gente que levantaba la mirada. Le devolví el saludo agradecida, aunque evidentemente, no lo conocía de nada. El me respondió con un alegre repicar de campana. Podría haber pasado por un aspirante a Papá Noel ligero de ropa y kilos, o quizá por uno de esos que se colocan a la entrada de los centros comerciales para animarte a comprar...
Pronto los escaparates se llenaran de luces y de cosas brillantes, de esas que llaman adornos, pero a mi no me importa. No sé porqué.
Es posible que hasta coma turrón...
¡¡Que es!!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
