sábado 30 de septiembre de 2006

La televisión, esa gran desconocida

Hoy he ido a visitar a mis abuelos. Hacía muchos días que no veía la tele y he aprovechado para ponerme al día.

1º -La princesa Doña Letizia está embarazada de nuevo. Como proliferan estos Borbones, hay que ver. Es como un kinder sorpresa, ¿qué será, será? ¿Cambiaremos la constitución, o esperaremos a que haya niño, haya que hacer los intentos que haya que hacer?

2º -Las películas de los sábados tarde cada vez son más lamentables. La de hoy trataba de un simio (Dios me libre de llamarlo mono, que han hecho hincapié en este asunto dos millones de veces) que vivía con una familia y se comunicaba por el leguaje de gestos. Al final, lia la del vaca y lo llevan a juicio (si).

Juez: Cielo santo, es un mono, ¿me están tomando el pelo?
Todalafamiliaalcompletocoñoya: ¡¡¡NO ES UN MONO, ES UN SIMIO!!!
Juez: ¡Oh!, tómele declaración.
Eltíodelamáquinadescribir: ¡¡¿Al mono?!!

Al final, le dan suelta en África (al mono) lo que resulta sorprendente si nos paramos a pensar que la historia empieza con el padre de familia sacando al bicho de allí para evitarle los riesgos selváticos y sabáticos.

3º -Estamos de enhorabuena. La cosmética ha parido un nuevo invento. Cito textualmente: “Cellton, extracto de baba de caracol” Ó_Ò 73 Leuros el minibote y si lo pides ahora, te regalan otro igual. Lo siento chicas, no me ha dado tiempo de pillar el teléfono, pero si alguna quiere untarse la cara (y quien dice cara dice cualquier otra cosa de su interesante anatomía) con babas de caracoles o porquerías similares, que me avise, que va a ir bien servida...

miércoles 27 de septiembre de 2006

Esto y aquello

Después de darle muchas vueltas, ayer me decidí a pedir las bolsas de transporte para los muñecos. Era algo que quería hacer desde que los encargué. En ese momento no las cogí pensando que igual me los mandaban dentro y yo quería también las cajas. Igual las mandaban también, tampoco lo pregunté. El caso es que en ese momento, con dos niños de los grandes, no quería liar más el tema. A ver si en lugar de mandarlos en caja, me los tenían que enviar en un camión de mudanzas... que entre las ropitas, botas, pelucas varias, y demás...
Total, que ahora, con la cosa de llevármelos a Barcelona me ha parecido el mejor momento. La idea de la bolsa de viaje llena de ropa para amortiguar cualquier posible golpe no estaba mal, pero Prizz me ha dicho que haga el favor de no ser tan cutre. Y claro... yo siempre soy así de obediente.
Después de unos problemillas con el pago en Luts, esperemos que me lleguen a tiempo. He añadido también unas máscaras para proteger el maquillaje (te hago caso ;) )

Por cierto, Vimpela, una chica del foro, ha tenido la amabilidad de hacerme un video con las fotos de los nenes. Ella no estaba muy convencida, pero yo lo veo genial. El único problema, como le comenté, es que yo tengo muy poquitas fotos aún y tiendo a hacer sesiones laaaaargas, escogiendo un tema y haciendo muchas fotografías, muy similares entre sí, resultando algo repetitivo si lo ves todo junto. Aún con todo, el montaje es una pasada y el resultado me encanta. Elegí para ellos el tema de los Doors “People are strange” que les va como anillo al dedo... ¡¡Muchas gracias, Vimpela!!

Por otro lado, he visto el trailer de “300”.... ¡¡Que lejos está marzo!!
Creo que la obra de Frank Miller es como una ópera sobre papel con el mismo resultado. O te apasiona, o la detestas. Miller no tiene medias tintas. Ni que decir tiene, que yo me encuentro en el primer grupo.
Y después de ver el (simplemente genial) trabajo de Rodiguez con “Sin City”, que más que de una adaptación se trata del storyboard, se me hace la boca agua de pensar en mis trescientos espartanos camino de las Termópilas. La estética, en esos tonos dorados y azulados que hacen de la película algo casi onírico me encanta.
¡¡Que lejos está marzo!!

lunes 25 de septiembre de 2006

Hadas

Para mi recién descubierta amiga, a la que le gustan las hadas tanto como a mi ;)

"El país de las hadas es un mundo de misterioso encanto, de cautivadora belleza, de enorme fealdad, de insensible superficialidad, de humor, malicia, júbilo e inspiración, de terror, risa, amor y tragedia. Es mucho más rico de lo que, por lo general, nos induce a creer la literatura y es, además, un mundo en el que hay que penetrar con suma cautela, pues no hay nada que más enoje a las hadas que unos seres humanos que se mueven curiosamente por sus particulares dominios, como turistas malcriados. Por eso, marchad con suavidad: cuando la recompensa es fascinante, los peligros son verdaderos."

“Hadas”, de Brian Froud y Alan Lee

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Siempre me han gustado las hadas. No me refiero sólo a los dibujos, que suelen ser preciosos, si no a la mitología en sí. Desde la primera vez que me leyeron el cuento de Peter Pan, yo me enamoré perdidamente de Campanilla, esa miniatura traviesa, insolente y despreocupada. Mis padres, un poco por hacerme callar y un poco porque también a ellos les gustó, me compraron la primera edición publicada en España del libro “Hadas” Hoy, después de muchos años sin tocarlo me he decidido a desempolvarlo. Y digo desempolvarlo en sentido literal, que tiene más de vente años. Al abrirlo se percibe el olor a libro viejo, similar al de los tomos amarillentos de las bibliotecas. Está perfectamente encuadernado, no como estos de ahora, que a parte de costarte un ojo de la cara y los dos riñones, se te desparraman enteros en las manos en cuanto les hechas un vistazo. Al abrirlo cruje. Cruje de gusto, como desperezándose tras una larga siesta. Él también está algo amarillento. En su interior habitan montones de leyendas populares, las mismas que me atrapaban y fascinaban hace ya tanto tiempo. Me gustaría, poco a poco, ir añadiendo algunas de ellas aquí.
Al ir pasando las hojas, descubro los pétalos de lirio que guardé entre sus páginas el día que enterramos a mi padre, hace ya tanto tiempo. Las ilustraciones siguen siendo una auténtica maravilla. Acompañan a las descripciones de cada uno de los tipos de hadas, trasgos, duendes y demás criaturas fantásticas.

Desde siempre forman parte de la cultura popular. Cada país o región tiene las suyas. O las mismas con diferentes nombres, como suele suceder. Están compuestas por parte de esa energía que habita el cosmos y que rara vez se manifiesta haciéndose corpórea. Su papel consiste en canalizar esta energía y proyectarla a través de las distintas formas en las que se manifiesta la naturaleza (como montañas, ríos, etc...)
Cada una de ellas, está asociada a:

Un elemental: Tierra, agua, fuego y aire.
Un tipo de energía: Proyectiva o receptiva
Un metal.
Una estación: primavera, verano, otoño, invierno
Una dirección: norte, sur, este, oeste
El tiempo: alba, mediodía, crepúsculo, noche
Un color.

Cada cultura tiene su propia historia de cómo fueron creadas.

-La escandinava cuenta cómo los gusanos que salían del cadáver del gigante Ymir se transformaban en elfos claros (las elfinas) y elfos oscuros. Las elfinas, que viven en el aire, son criaturas bondadosas y felices, pero los elfos oscuros, que tienen en sus dominios las regiones subterráneas, son morenos, malignos y atizonados.

-La versión islandesa cuenta, por otra parte, que hallábase Eva lavando a sus hijosa orillas del río, cuando Dios le habló. Asustada y temerosa, escondió a los hijos que no había lavado todavía. Le preguntó Dios si estaban allí todos sus hijos y ella le contestó que sí. Le advirtió El entonces que aquellos que le había ocultado quedarían ocultos al hombre también. Estos niños ocultos se convirtieron en elfos o hadas, y en los países escandinavos se les denominó raza huldre. Las jóvenes huldre son de una belleza excepcional, pero con largas colas de vaca; o bien aparecen hundidas por detrás y sólo son hermosas de frente. Así responden al engaño de su origen.

-En otros lugares se cree que son ángeles caídos; o paganos muertos que no son lo suficientemente buenos para ir al cielo, ni lo bastante malos para tener sitio en el infierno, obligados a vivir eternamente “en medio”, en las oscuras regiones del reino intermedio. En Devon, se considera que los “pixies”, los espíritus traviesos, son almas de niños sin bautizar. Aunque estas creencias provienen solamente de la llegada del cristianismo, antes de cuya fecha no se conocía el bautismo, por lo que no pueden considerarse fidedignas.


Os dejo con una página interesante. La de Stephanie Pui-Mun Law. Visitad su galería, tiene unas ilustraciones preciosas, como la que he puesto más arriba ;)

“¿Creéis en las hadas? Si creéis en las hadas, dad una palmada. No dejéis que Campanilla se muera.”

Porque es mejor creer en una ilusión, que no creer en nada...

*Como voy a ir añadiendo cositas del libro y veo que tiene mucho éxito el tema, os dejo el link ;)

-Hadas, de Brian Froud y Alan Lee

-Ilustraciones

sábado 23 de septiembre de 2006

Un sábado cualquiera

Le he hecho otro pequeño pedido a Ayu. No he podido resistirme. Se me ha metido en la cabeza que necesito unos pantalones cortitos para Miho, y he visto una camiseta que tiene a la venta de rayas blancas y negras que me ha encantado para ella. Se la he pedido con capucha, que me hace gracia. Y para Kraven una camisetilla básica en negro. Y con esto, ahora si que ya, hasta que compre a la peque me planto.

El último fin de semana de Octubre nos iremos a Barcelona. Ya nos hemos cogido los restos de vacaciones que nos quedan para la ocasión. En Girona hacen esto del “Soldado de plomo” y a Prizz le hace ilusión ir. Van muchos de los del foro de minis y quedará con ellos. A ver si su hermano está esos días y nos quedamos en su casa. Y justo coincide el mismo fin de semana que el salón del manga de Barcelona, así que es probable que nos demos una vuelta. Bueno, como tendrá que ser forzosamente el domingo, a ver si algunas de las chicas del foro están por allí todavía. Y a ver si me llevo a los bichos o qué. Aún no tengo las bolsas de transporte, así que tendrían que ir en una de viaje. Ya veremos, ya veremos. ..

Por otro lado, como siempre me decís que suba fotos de muñecos que no sean los míos, por aquello de la variedad, les he pedido permiso a las chicas para utilizar fotos de sus niños. Así que en breves (el tiempo que me lleva hacer la recopilación y trillar las galerías) tendréis variedad. No quería poner fotos de los oficiales de las casas. No niego que sean preciosos, pero me da la sensación de que están vacíos. En cambio estos están vivos y tienen una personalidad arrolladora, que para eso nos los curramos ;)

(Estoy mirando por la ventana, el cielo está completamente cubierto y las nubes van a velocidad de vértigo. En la calle hace frío, pero yo me río)

En un ratito vienen “los locos del rols” (como nos dijo uno un día) a ver que extremidad pierdo hoy... (Fefo, me temo que te va a tocar abrir la cerveza con los dientes de nuevo. No, no hemos comprado abrebotellas. ¿Qué clase de casa es ésta en la que se organizan reuniones clandestinas sin un mísero abrebotellas?)

Aps, estoy editando las entradas gatunas (“los más buscados”). He añadido al final de cada una, una galería extra. Me falta sólo la de Coco, que tengo las fotitos pero no las he reducido aún. Lo haré mañana sin falta, que son buenísimas.
Editando: Yastá ;)

P.D: He comido en el chino (ñam, ñam)

miércoles 20 de septiembre de 2006

Gésera

Aprovechando que he estado dándole vueltas al tema estos día, abro este nuevo bloque de “Haciendo memoria” con mis recuerdos de Gésera. Son muy importantes, ya que pasé allí prácticamente todo mi tiempo libre cuando era niña.
La casa es del hermano de mi bisabuela (ojo), a su vez, tío de mi abuelo. Pasó a pertenecerle a la muerte de su madre (la de mi abuelo, que no es la misma que la de su tío) Y digo es, porque aún vive. Él y su mujer. No voy a tratar de saber que tipo de parentesco exacto me une a ellos, porque sólo de intentarlo ya me mareo y podría terminar cantando aquello de “Yo mi abuelo soy”
La cuestión es que a mi abuelo le gustaba visitar la casa de su madre y trabajar la tierra. Había varios huertos pequeños, donde él y yo nos lo pasábamos bomba. Uno de ellos estaba más elevado, formando un montículo que a mi modo de ver, era una isla. Una isla porque cuando subías, estabas aparte del resto del mundo. El huerto estaba rodeado de una hierva alta que al soplar el viento de la montaña, la movía formando olas. Era un mar, y el huerto la isla. Allí sucedía de todo. Orejas (mi perro de peluche) y yo éramos piratas un día y peligrosos ninjas al siguiente (en mi casa nos tragábamos todas las películas de Bruce Lee y hasta imitaba perfectamente esa forma suya de andar de lado a lado, pero eso es otra historia, quizá para otro día) Mi abuelo me fabricó un arco con una cuerda de tender y una vara flexible y yo iba de un lado a otro (con Orejas en una mano y el arco en la otra) intentando cazar golondrinas, que anidaban nuestros tejados. Al final como el método del tiro con arco no lo terminaba de rematar, por alguna extraña circunstancia que no podía comprender (había un arco y una cuerda y tenía millones de palitos que eran las flechas. ¿Dónde estaba el error? ¿Dónde?) me dediqué a hacer de trampera. Colocaba cajas de zapatos por todos los caminos con un palo para que quedasen abiertas y en el palo, la típica cuerdita para tirar de ella y encerrarlas dentro cuando las ingenuas se acercasen a comerse las miguitas de pan que yo previamente había colocado. Mi abuela me contaba por aquel entonces un cuento de la estatua de un príncipe bañada en oro. Sus ojos eran dos rubíes y su inseparable amiga, una golondrina, le ayudaba a llevar trocitos de oro de su cuerpo a las familias pobres. El cuento terminaba de manera melodramática, con la muerte de la golondrina al intentar llevar a la madre enferma terminal de un niño pobre, los ojos de rubíes del príncipe. Es que se le había pasado la migración ayudándolo y llegó el cruel invierno. El pobre príncipe se quedó con la golondrina muerta en su mano y todo pelado porque ésta había repartido todo el oro que lo recubría...
Total: yo quería una golondrina costase lo que costase.
La trampa tampoco funcionó. No debían de tener mucha hambre... Y enseguida pasé a otra cosa menos aburrida que ocultarme y esperar durante horas (o unos minutos) a que cayese mi presa. Además, mi abuela, en un intento por persuadirme de semejante idea, me decía que la vida dentro de una caja de zapatos, no era vida para una golondrina (no tenía jaula y ese era mi plan). “Si quieres te encierro en el baúl de la tía Humi para que veas más o menos lo que se siente”
El baúl de la tía Humi, estaba arriba, en la boardilla. Orejas y yo nunca subíamos solos allí porque a él le daba mucho miedo. Estaba llena de trampas para ratones e instrumentos de caza de mi tío que al pobre Orejas le producían sensaciones terriblemente inquietantes.
Orejas y yo siempre andábamos juntos. Una vez se metió en un agujero y salió lleno de unas bolitas llenas de pinchos que no podía quitarle. Mi abuela estuvo toda una tarde limpiándolo porque me entró una pita tremenda. Decía que más valía tirarlo, que estaba muy viejo y lleno de porquerías, pero yo sabía que no lo decía de verdad, porque siempre lo limpiaba y cosía, y hasta le hizo una fundita para poder meterlo en la lavadora y que no se estropease. Ella tenía un jardín precioso del que se ocupaba siempre. Como dije, le encantan las flores. Tiene las ventanas y balcones de su casa llenos, y cuando se levanta por la mañana, lo primero que hace es ir a verlas.
Parece que la veo allí, agachada, abonando, regando, plantando y transplantando. Yo de flores no entendía demasiado. Acaso, las de las patatas. Mi abuelo me llevaba siempre para que le ayudase a quitar los bichos. Los íbamos metiendo en una lata (de melocotón en almíbar) y al terminar, los aplastábamos con una piedra, para que no se les ocurriese volver. Cogíamos los tomates y él sacaba un pañuelo limpio, frotaba uno y me lo daba para que lo comiese. Me encantaba ayudarle (a caer, como decía él)
Cuando venía Rebeca, jugábamos a los burros de carga. Consistía en llenar dos cubos de playa de agua y acarrearlos a la espalda con un bastón cruzado. Rebeca solía ser el burro, y le daba con una vara en el culo para que fuese más rápido. La meta era la hera (valga la redundancia) Allí vimos una vez una serpiente del tamaño de una anaconda del amazonas. Al menos a nosotras así nos lo pareció. Y cuando mi abuelo vio la piel en el jardín de mi abuela, también se lo pareció a él :s
Casi todos los días íbamos a ver a Isabel, la de la casa alta (todos se llaman por el nombre de sus casas) Nos daba unas galletas buenísimas. Una para Orejas y otra para mi.
Y por la noche, había luciérnagas. Se metían todas en las antiguas pocilgas, que estaban llenas de matorrales. Las metía en un bote de cristal, pero mi abuela me las hacía soltar enseguida. Decíamos que eran hadas.
Ni siquiera había electricidad. Utilizábamos candiles de aceite.
Me da un poco de no-sé-qué y que-sé-yo esta generación de “niños de moqueta” que viven enchufados a la tele o a una Game Boy... Mis recuerdos más felices están allí. Allí y en la Pineda, pero eso también es otra historia y hoy ya he hablado demasiado ;)

domingo 17 de septiembre de 2006

Edelweis, edelweis...

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Como hoy ha salido buen día, hemos decidido irnos a comer por ahí, en lugar de quedarnos para hacer la limpieza general como estaba previsto (y es que cualquier excusa es buena para librarse de las limpiezas generales...)
Hace días que nos apetecía hacer un tour por el pasado. Prizz quería enseñarme dónde acampaba con sus padres, tíos y primos varios cuando era peque. Se juntaban un montón y se lo pasaban bomba. Era en Lasaosa. Yo por mi parte, quería que fuésemos a Gésera. Dónde iba yo con mis abuelos cuándo no estábamos en la playa. La casa de los padres de mi abuelo y ahora de su tío. Un pueblo muy pequeño que casi no aparece ni en los mapas.
Los dos sitios están muy cerquita. A menos de diez kilómetros uno del otro. Y en el centro, el Molino de Villovas. Otro lugar de acampadas de Prizz & Family. Hemos estado pensando de camino, que seguro que cuando éramos niños, nos cruzaríamos más de una vez...

Lasaosa está abandonado ahora. El camino que conducía al pueblo está cubierto por una hierva alta. Como se adivinaba la senda, la hemos seguido un poco mientras Prizz señalaba dónde dejaban el comber trece, dónde cogían ranas él y sus primos, dónde había una canasta. No quedaba rastro alguno de todo esto. Yo estaba en que no veía por dónde pisaba. La hierva alta no me gusta, necesito ver dónde pongo los pies. Además, escuchaba ruidos de bichos por aquí y por allá. Tengo que decir que tengo una fobia del quince a las serpientes, así que andaba mirando a un lado y a otro esperando ver aparecer alguna en cualquier momento (siempre que estoy en el campo lo hago instintivamente) Total, que en una de esas miradas la veo. Terriblemente laaaaaaaaaaaaaaaaarga y gooooooooooooooorda. Sólo alcanzo a decir un “mira” rasposo antes de quedarme paralizada completamente. Y Prizz: “¿Qué? Yo no veo nada... ¿Dónde? ¿¿DÓNDE??” Y la ha visto (supongo que siguiendo mi mirada de terror, aunque estaba completamente camuflada. Parecía la rama de un árbol. “¡¡¡Hostias, que pedazo de bicho!!! ¡¡¡Es de las gordas!!! En estas que el bicho empieza a moverse y yo ya me veía rodeada. En realidad no me veía de ninguna manera, no me acuerdo de nada. Prizz dice que le he arañado todo el brazo y hasta que no me ha gritado no me he puesto a andar (en dirección al coche, of course). Volver con los pies metidos en la hierva, después de lo que acababa de ver casi me ha hecho perder el juicio. Me caían unos lagrimones como puños, me temblaban las manos y las rodillas. Cuándo he entrado al coche y ha pasado un rato, me he dado cuenta de que por el camino, me he arañado yo misma todo el cuello de los nervios y me escocía (y escuece) una barbaridad. Durante un buen rato, he tenido nauseas de los nervios en el estómago.
En fin...
Aclaro que no soy una tía moñas. Yo me como las ratas del tamaño de gatos y las arañas peludas del tamaño de ratas, pero con las cosas sin patas no puedo.
Total, que hemos decidido ir a Gésera. Me jode por Prizz, que estaba ilusionado enseñándomelo todo.

Gésera. El pueblo no ha crecido y sin embargo está diferente. No se parece en nada al pueblo de mis recuerdos y para no estropearlos, he decidido no parar allí hoy. Quizá otro día. Pretendía fotografiar la casa, la hera, el huerto dónde jugaba a ser como mi abuelo y dónde le ayudaba a quitar los bichos de las patatas. El jardín que cuidaba mi abuela (le encantan las flores más que cualquier otra cosa en el mundo) Pero me ha dado miedo que todo eso ya no estuviese allí. Quizá otro día...

Hemos comido cerca del desvío a Gésera. No tenemos sillas de campo y no había un sitio cómodo para sentarnos. Lo hemos intentado en el suelo (yo mirando a un lado y a otro) pero al sentarnos he tenido que salvar a Prizz de ser atacado por una caparra que trepaba astuta por sus pantalones. Y aquí sólo menciono que Prizz no tiene muy buena relación con las caparras.
Tras todo esto, tengo que decir que estaba algo chafada. No sé porqué, pero me he deprimido un poco. Menos mal que Prizz es un hombre de recursos y nada perezoso para dar la vuelta al pirineo en un día si es necesario, sólo para animarme.
-“Iremos hasta donde nos lleven las ruedas” me dice.
-“¡Oh! eso puede ser realmente lejos, no sé si llevamos suficiente gasolina” le digo yo.
-“Entonces, hasta dónde nos de la gana”
-“Pero si bajamos del coche, que haya un camino visible”

Hemos parado en “Los chocolates de la abuela” Un lugar en la carretera dónde hacen los chocolates más variados y cojonudos del mundo. Hay unas bolas de chocolate rellenas de dulce de leche... cuando las muerdes, el dulce de leche se desparrama por la boca y está de vicio. Nos hemos comido seis (el chocolate segrega no-sé-que-coño que te hace feliz. Soy feliz)
La primera parada ha sido en Torla. He comprado una postal de edelweis. La flor del pirineo. Mi flor. He hecho muchas fotos aprovechando la cámara digital. Prizz me decía que me parezco a los chinos, y yo le contestaba encogiéndome de hombros que es una cámara digital.
Después hemos ido a Boltaña. El pueblo no me ha gustado mucho. Creo que estuve una vez de pequeña. Es demasiado disperso... no sé. Me gusta más Aínsa. Así que para terminar el día, hemos ido allí. Estaban de fiestas y las carpas y los adornos de la bandera aragonesa por las calles lo afeaban un poco, pero me sigue pareciendo precioso. Aquí venimos todos los años al menos una vez. Tiene balcones repletos de flores y helechos, y sus casas están muy juntas, algunas unidas por arcos. Es una villa medieval que conserva parte del castillo amurallado. Os dejo un enlace a una página que tiene visita virtual.

Más fotos

-Edelweis, edelweis...

viernes 15 de septiembre de 2006

De compras por la red

Hoy me han llegado las zapatillitas que le compré a Kula. Son súper graciosas... Cogí unas para Miho en azul y otras para Faeril en rosa. Es la primera compra que hago para ella y me ha hecho mucha ilu. A ver si la puedo pedir para navidad... sería genial. En el foro me he apuntado a un par de pedidos conjuntos. Me está gustando, porque hay mucha actividad y siempre hay alguno en marcha. En Luts pedí un par de pelucas de peluche (también para Faeril) y en Dollmore, un par de camisetas para Miho y unos leggings, también para ella. Y eso que estoy en pleno proceso de ahorrar... que si no, no sé lo que hago... Pero tienen unas ropitas taaaaaaaaaaan chulas...
Además, aprovecho que esta semana nos tocaron setenta leuros en la lotería y que Kula me ha comprado la cabecita Na-Nu-Ri que me regalaron al hacer mi pedido en julio. A ver si para navidades hacen otro regalito y me lo llevo con el pedido de Fae.

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Por lo demás, sigo corriendo y sin tener tiempo de nada.

domingo 10 de septiembre de 2006

Libera me

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-Libera me

Historia de un bolso o la ventana indiscreta

Esta es la historia de un bolso: el mío.
Mi bolso/mochila, porque ni que decir tiene, que los bolsos en su más estricto sentido de la palabra no me van pero nada de nada.
Lo he colocado encima de la mesa para hacer una limpieza a fondo. Hace siglos que no reviso lo que hay dentro. Cualquiera sabe lo que uno podría encontrar si osa aventurarse en su interior...
Lo compré un sábado cualquiera por la tarde. Era verano.
El anterior había muerto trágicamente tras cinco años de torturas diarias ese mismo día por la mañana. Ya no tenía remedio. Sus costuras eran tantas que el bolso/mochila era totalmente irreconocible. Pero es que era mío, y oye, le tenía mucho aprecio.
Apenada, no le guardé ni un par de horas de luto. Me fui hasta Coronel Tapioca y compre éste que tengo hoy ante mí.
Es perfecto. Marrón. De un marrón algo desgastado, claro que ya era así cuando lo compré. Total y absolutamente lleno de bolsillos, como a mí me gustan.
Uno puede encontrar las cosas más curiosas y extrañas en Coronel Tapioca.
Curiosas, extrañas y la mayor parte de ellas, totalmente inservibles. Inservibles claro, a menos que seas un explorador profesional. Indiana Jones se compra sus kits de supervivencia allí. Miguel de la Cuadra Salcedo también. Se les reconoce por el sombrero. Pero bueno, no quiero irme por las ramas, es la historia de un bolso y lo que en él habita de lo que estamos hablando.
Prizz me acompañó a comprarlo.
Mientras estábamos en la tienda, el señor R nos llamó por teléfono para que pasásemos a recogerlo al terminar.
Así que Prizz, el seños R mi nuevo bolso/mochila y yo nos pusimos rumbo al hogar.
De camino nos adelantó una ambulancia. Cuando esto pasa uno siempre se pregunta a donde irá y que habrá pasado.
Al llegar a mi casa, sorpresa, la ambulancia estaba parada justo en la calle de delante de mi portal. Concretamente en “Electrodomésticos – Persianas – Puertas: Interior, plegables y blindadas. Mobiliario de cocina y auxiliar” Y debajo ponía el apellido del propietario. Señor B.
El señor B. Vecino muy conocido en el barrio. Sabedor de los secretos más oscuros de la mayoría de las personas de por aquí, y una persona a la que no le importaba en absoluto contártelos si estabas lo suficientemente interesado en saberlos. Eso si, de manera confidencial. Al fin y al cabo, estamos hablando de un profesional. Hablaba tanto y tan rápido que unos hilillos blancos se formaban en la comisura de sus labios hipnotizándote por completo. Si te pillaba, estabas perdido. Podían pasar horas hasta que te liberase alguien con una llamada urgente o algo similar.
Con curiosidad subimos Prizz, el señor R, mi bolso/mochila nuevo y yo misma hasta mi casa. Da la casualidad de que la ventana de mi cocina es un lugar ideal para contemplar el desarrollo de los acontecimientos.
Prizz, el señor R el bolso/mochila nuevo y yo cogimos sitio al otro lado de una persiana de interior de aluminio verde preciosa que previamente habíamos adquirido en “Electrodomésticos – Persianas – Puertas: Interior, plegables y blindadas. Mobiliario de cocina y auxiliar” propiedad del señor B. Ironías de la vida.
La persiana abierta era bastante disimulada y creo que no nos veían.
La ambulancia seguía allí y no había nadie mirando, cosa extraña ya que es lo que suele pasar en estos casos. Tiempo al tiempo.
Y pasó el rato.
Prizz, el señor R y yo empezamos ha hacer nuestras conjeturas y especulaciones sobre el posible fin del drama.
Pasaba el tiempo y no salía nadie. La señora B apareció sofocada y se perdió en el interior de la tienda.
Y pasó el rato.
Prizz, el señor R y yo seguíamos discutiendo a cerca de lo sucedido.
Yo estaba casi segura de que el señor B había estirado la pata de un infarto (trabajaba 24h. al día siete días a la semana 365 días al año), claro que la teoría no se sostenía debido a que si fuese cierta, se lo habrían llevado hace ya un buen rato.
Prizz sostenía que el señor B había acercado demasiado la cabeza a su máquina de cortar puertas y chapas y que lo que explicaba la tardanza era ni más ni menos que no lograban dar con ella. Con la cabeza, se entiende.
El señor R repetía una y otra vez “que historia más truculenta” mientras escuchaba nuestros desvaríos.
Y pasó el rato.
Me empezó a entrar un hambre atroz. La verdad, era la hora de merendar, pero el ponerme a comer me daba algo de palo. Joder, el señor B estaba muerto o agonizante a pocos metros de mi casa...
Parecía que Prizz me leía la mente, pues sin pensárselo demasiado sacó de un armario que tenía justo encima unos dobladillos recién comprados.
Había cuatro. Yo cogí uno y empecé a comer. Prizz le ofreció otro al señor R que negó con la cabeza e hizo un comentario acerca de lo de merendar asomados a la ventana.
Prizz y yo nos encogimos de hombros y el señor R terminó cogiendo un dobladillo. Supongo que él también tendría hambre. Estar una hora en una ventana, de pie, en verano... pues da hambre, coño ¿Qué puedo decir? Que me llamen monstruo...
Y pasó el rato.
La gente ya estaba asomada a las ventanas descaradamente. ¿Pero que se han creído? Pasa una desgracia y todo el mundo quiere verlo en primera fila. Solo faltaba que empezasen a alquilar palcos de honor, o sea, los balcones con mejores vistas. A donde iremos a parar...
La gente se apiñaba ahora en la calle también. Los vecinos del señor B querían tener noticias. Y querían tenerlas ya.
La gente iba y venía. Los balcones atestados. Delante nuestro teníamos a una mujer enorme que salió a tender y se quedó a ver que pasaba. Era ésta una panadera húngara de grandes pechos. Desde luego no era húngara, y seguramente, panadera tampoco. Es que tengo un amigo que las llama así. Panaderas húngaras. Esas señoras entradas en carnes con voluminosos bustos. Ésta concretamente se empeñaba en mostrárnoslos sin ningún pudor, pues se le escapaban de su playero de tirantes, que estaba bastante dado de si.
Al tender, también nos mostró que no se depilaba las axilas y Prizz y el señor R estuvieron inventando historias sobre ella que bien podrían ser ciertas.
Al final, la señora B salió llorando desconsolada negando con la cabeza. Todo había terminado. Era oficialmente la viuda del señor B.
Nos sentimos algo mal.
Los chicos de la ambulancia salieron de la tienda llevando consigo unos tubos de plástico transparentes que estaban teñidos de rojo. Tras guardarlos se apoyaron en la ambulancia y se fumaron unos cigarrillos. Debían estar agotados si todo este rato habían estado reanimando al señor B.
Ya que llevábamos allí tanto rato, pensamos que no podíamos irnos ahora. Tenían que sacar al señor B de la tienda.
El señor R hizo un comentario sobre lo que pasaría si al sacarlo una mano caía y quedaba inerte, colgando fuera de la manta en un golpe de efecto terrible y escalofriante (somos algo peliculeros, lo sé) "¡Que historia más truculenta!"
Estuvimos esperando al forense. Una hora más. Mientras, los parientes del señor B fueron llegando al lugar de los hechos. Se lo llevaron en una caja metálica que metieron en la misma ambulancia. Un señor de negro se paseaba experto por aquí y por allá haciendo llamadas de teléfono. Se abrió otro debate sobre si sería el forense o el de la funeraria.
Nosotros pensábamos que debe ser patético que te tengas que morir montando este espectáculo gratuito para el vecindario. Hay que joderse.
Los vecinos tendrán carnaza para una buena temporada.
-¿Has oído lo del señor B?
-Si, yo estaba allí. Lo vi todo. Se lo llevaron en una caja metálica.

Nos fuimos al comedor y estuvimos un buen rato hablando del tema.
Esa tarde cuando salimos a comprar la cena me encontré con un par de amigas.
-Qué, ¿comprando la cena?
-Sí, ya ves.
-Que mochila mas chula, no te la había visto.
-Es que la he comprado hoy.
-¿Dónde?
-En Coronel Tapioca
(Señalando la parte frontal donde pone claramente Coronel Tapioca) Hoy se han llevado al señor B en una caja metálica. Lo hemos visto. Estábamos allí, tras la persiana de la cocina que le compré hace poco.
¿Nunca le habéis arrancado las alas a una mosca cuando erais pequeños?
Las personas somos morbosas por naturaleza, que le vamos a hacer.
Ese fue el día en que compre mi bolso/mochila.
Dicen que por las cosas que lleva una mujer en su bolso se la puede conocer mejor. No sé si es cierto, pero deja unas pistas.
Lo tengo en la mesa ahora mismo. Ante mí. Le doy una vuelta observándolo.
Me siento como un forense haciendo la autopsia. “Hora de la muerte: 15.47”
Pero aún no ha muerto. Éste aún es relativamente joven.
En la parte frontal nos encontramos el primer bolsillo. Aquí llevo todas las llaves, que son muchas. Las del portal, las de casa, las del garaje, que no tenemos, pero que es la única forma de acceder al cuarto de las calderas. Las de casa de mi madre, de mis abuelos, de mi trabajo, las de casa de mis suegros...
Sólo en llaves pesa los cuatro quilos, seguro.
Le suelto los enganches que lleva a los lados y lo abro.
Otro bolsillo. Para el móvil. Siempre tengo que llamarme desde el fijo para saber donde lo he metido. Cuando se queda días sin batería, olvidado en algún sitio, hay que formar equipos de búsqueda.
Al lado, un par de espacios para dos bolígrafos. Solo he ocupado uno, con mi Pentel negro. Somos inseparables él y yo.
Una cremallera a un lado da paso al lugar de las libretas del banco. Hay varias. Dos de la Cai, una del BBVA y una de Ibercaja.
En el mismo sitio llevo medicamentos. Un par de sobres para la cabeza, un par de sobres para el dolor de ovarios, un par de antiinflamatorios para la mano, alguno para la cabeza y un par de antihistamínicos.
Llegamos al general. El grande, donde está casi todo lo importante.
Un par de paquetes de pañuelos de papel me dan la bienvenida. Se mueven libremente por donde quieren. Tengo una nariz muy delicada. Es como un barómetro. Si hace frío lo nota. Si hace calor lo nota. Si hay cambios de temperatura bruscos lo nota. Si hay humedad lo nota. Si el ambiente está seco lo nota. Si me cago en... también lo nota. Siempre he de llevar pañuelos de papel encima.
Las gafas de ver perfectamente metidas en su funda (enorme) Me las pongo. Si no, después me duele la cabeza...
Más.
Mi bolsa de payasos de higiene bucal. Si, es de payasos. Los detesto. Los odio. Los aborrezco. Pero, irónicamente era la única donde me cabía el cepillo de dientes.
Consta de: cepillo de dientes. Hilo dental. Pasta de dientes para dientes y encías sensibles. Vaselina para los labios de Ágata Ruiz de la Prada. Se llama “Fruta de la pasión” hummm... está buena...
Una agenda donde me lo tengo que apuntar todo. Teléfonos, direcciones y tal.
Una pequeña libreta roja que utilizo para escribir mis pensamientos repentinos. Aquellos que debo recordar para más tarde. Las primeras palabras son: “De alguna manera, todos hemos adoptado una máscara.”
Mi inhalador.
Una calculadora. (¿Qué hace esta aquí?)
Un tampax. La alegría de ser mujer... seguro que esa frase es de un hombre que pensó que estamos contentas con el mero hecho de tener algo metido entre las piernas. Sea lo que sea.
Varios tiquets de la compra de cuando Cristo perdió el gorro.
Unas pinzas de depilar. Muy importante.
La cartera. Territorio comanche.
Dentro de ella llevo mil porquerías. Un calendario del 2002, varias tarjetas de crédito, el carnet de ciclomotor, el de la biblioteca, el de la federación de esquí, el del infocentro, el de identidad (todos ellos con horribles fotos de convicta) la tarjeta del videoclub, la de la seguridad social, una de un seguro de no-se-que, el nif, fotos de carnet de todo dios y mariquito y tarjetas de visita de ginecólogos, dentistas, amigos, ex amigos, compañeros, ex compañeros, familiares y gente de la que ya ni me acuerdo.
Termino con un par de condones de fresa. La seguridad ante todo.
A veces llevo un paraguas. Cabe perfectamente y aunque hoy no está, es justo mencionarlo también.
Nada más.
Tiro lo que no sirve y lo ordeno.
Ya está listo para unos cuantos meses más.
Me levanto y miro por la ventana. En el local “Electrodomésticos – Persianas – Puertas: Interior, plegables y blindadas. Mobiliario de cocina y auxiliar” hay un cartel amarillo fosforescente que dice: “Se Vende”

jueves 7 de septiembre de 2006

Cenando en el restaurante japonés

El otro día, fue el cumpleaños de Mon Mère.
Para celebrarlo, nos fuimos todos a cenar al japonés. Aunque Prizz y yo hemos estado en varias ocasiones en un japonés, este era otro distinto. Uno de esos en lo que el cocinero, entre malabarismos con espátulas y cuchillos, te hace la cena in situ.

Nada más llegar, nos pusieron un babero. Tenías que dejar que te lo pusiese la amable chica japonesa. No te lo podías poner tú porque se enfadaba. A la vez, nos sacaron unas toallas húmedas enrolladas ardientes para que nos limpiásemos las manos. Esto también es muy importante y si no lo haces, también puedes molestar a la amable chica japonesa. Los japoneses son muy limpios a la hora de comer y dada nuestra pericia en el manejo de palillos, más vale tenerlas bien limpias. Ya se sabe lo que dicen... las manos van al sushi.
Elegimos el menú de degustación, que consta de un poco de todo. Rebeca me advirtió de que el señor cocinero no cocinaría en exclusiva para nosotros y que era pecado mortal tocar los platos que él dejaba al borde de la plancha... al parecer, en anteriores visitas, alguien intentó comerse lo de las demás mesas.

El señor cocinero, empezó con unos tallarines. Era asombroso ver como manejaba las espátulas... Lo que más me gustó fue su manera de trabajar los huevos. Los cascaba lanzándolos al aire y dándoles un golpe seco mientras caían. Una vez separada la cáscara (con movimientos demasiado rápidos para el ojo humano...) extendía el huevo en la plancha para que se hiciese rápido, hacía con el un rollo y lo cortaba y lanzaba sobre los tallarines (todo esto en fracciones de segundo)
Como fuimos muy pronto, no había gente y nos iba haciendo nuestra comida sobre la marcha. Al servirnos los tallarines, el señor cocinero se quedó sin trabajo y observaba como nos los comíamos. Yo me sentía algo mal (por lo anteriormente comentado sobre el dominio de palillos) Le veía cara de ”Cerdos occidentales...” Pero bueno, poco a poco me fui relajando y me sentía tan a gusto sorbiendo los tallarines cuan plena escena de “la Dama y el Vagabundo” Resultaría que los cocineros japoneses, tienen todos esa cara seria de concentración. Rebeca nos dijo que era una pena que esta noche no le tocase cocinar a El Soberbio (mote de su propia cosecha) porque era una pasada. Yo después de ver al que nos había tocado, no sabía qué más podía hacer El Soberbio...
Fuimos cenando y los rollitos de toallas húmedas ardientes corrieron de aquí a allá (calculo que sacaron tres o cuatro veces...) El restaurante se fue llenando y la culminación del espectáculo llegó cuando, en una orgía de fría e inhumana precisión quirúrgica, despojó de sus cáscaras a cuatro langostinos sin tocar la carne del interior (otra vez en fracciones de segundo) Yo ya no sabía si levantarme y aplaudir, lanzar monedas, o qué. Impresionante.
Y así comimos embelesados como lelos.
La comida buenísima. Tengo que decir que de todas las culturas culinarias que he tenido el placer de probar, me quedo sin lugar a dudas con la japonesa. Las salsas, el sushi, esos rollitos de algas envueltos el hojas de lechuga que aún no sé como coño se llaman pero que me pierden...
No sé si me gusta más la mesa de la plancha o comer sentado en el suelo en el tatami, que si lo reservas para unos cuantos, cenáis solos mientras la amable chica sirve los platos de rodillas, vestida con kimono, al más puro estilo nipón. Difícil elección.

Habrá que volver.

lunes 4 de septiembre de 2006

Diálogos tarantinescos: Kill Bill

Acerca de Superman...

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Bill: Como sabes, me gustan todos los cómics. Especialmente los de los superhéroes. Encuentro que toda la mitología que rodea a los superhéroes es fascinante. Piensa en mi héroe favorito: Superman. No tiene un gran argumento ni tampoco es un buen dibujo, pero la mitología, su mitología, no sólo es genial. Es única. Verás, algo básico en la mitología de los cómics es que cada superhéroe tiene su alter ego. Batman no es otro que Bruce Wayne. Spiderman se llama Peter Parker. Cuando el personaje se despierta por las mañanas, sólo es Peter Parker. Tiene que ponerse un traje para convertirse en Spiderman. Y esa es la característica que hace de Superman algo único. Superman no se convirtió en Superman, sino que nació como Superman. Cuando se despierta cada mañana, es Superman. Su alter ego es Clark Kent. Y su traje, el que lleva esa enorme S, es la prenda en la que estaba envuelto cuando lo encontraron los Kent. Esa es su ropa. Lo demás, las gafas, el traje azul… es su disfraz. Es un disfraz que Superman se pone para ser uno más de nosotros. Clark Kent es su visión de nosotros. Y, ¿Cuáles son las características de Clark Kent? Es débil. No confía en si mismo… Es un cobarde. Clark Kent. Superman critica así a toda la raza humana.

viernes 1 de septiembre de 2006

Curiosidades

Y llega septiembre. Y pasamos página (literalmente)
Cómo dice un amigo, sábanas nuevas.
Habrá que llenarlas *_*

El otro día, mirando por uno de los foros de maquetas de Prizz, encontramos esta página de Dioramas.
Hay un montón diferentes (deben montar más o menos uno por mes) recreando secuencias o escenas concretas de la segunda guerra mundial. Están hechos al mínimo detalle. Una auténtica maravilla. Y son enormes... Utilizan unos muñecos que también son fabricados en Corea y Japón. Y al parecer, según nos dijo el señor R, que entiende una barbaridad del tema, son muy conocidos en el mundillo bélico este. A mi desde luego, me dejaron de piedra.
Los artífices de semejante idea son una pandilla de abueletes, que bien podrían haber vivido (no me cabe duda) estos momentos en sus propias carnes.
El señor R, nos iba instruyendo sobre la marcha en los distintos modelos de tanques, oficiales (que tío, los reconoce a la perfección por los uniformes), armamento, vehículos oruga y demás. “Mirad allí. Eso es un prisionero ruso. Trabaja montando los raíles del tren.” Una pasada...
Desde luego hay varias escenas que te dejan sin habla... En el archivo de agosto, la del tren, por ejemplo. Y luego puedes verlos a ellos en el “como se hizo” Súper graciosos...
Es para verla bien a fondo. Y eso que a mi el tema de los dioramas no es que me apasione... pero cuando están bien hechos... hay que reconocerlo.

Os dejo unas fotos para abrir boca...

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